Cartas al director
Opinión de un lector sobre una información publicada por el diario o un hecho noticioso. Dirigidas al director del diario y seleccionadas y editadas por el equipo de opinión

El tiempo de los caballos

El objetivo de concluir la legislatura por parte de Zapatero comienza a suscitar grandes dudas en el interior del PSOE. Muchos socialistas ven hoy con preocupación este tramo final durante el cual se temen que la única posibilidad del Gobierno sea la de arrastrar los pies, sin que en el horizonte se vea algo parecido a los tan ansiados "brotes verdes".

El escritor y analista José María Ridao lo ha visto así: "Confiar en el manejo de los tiempos condujo al desastre del que hoy trata de recuperarse el PSOE a la desesperada, intentando que no sean los tiempos quienes lo manejan a él".

A no ser -añado yo- que el "manejo de los tiempos" sea el de la fábula del condenado. Hela aquí: el conde de Rocamur, señor de horca y cuchillo, hizo prender a los ladronzuelos Ademar y Monteagudo para que fueran decapitados. Cuando estaban a punto de subir al cadalso, Ademar se dirigió al verdugo y le dijo:

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-Antes de darme con el hacha, ruégole diga al conde que si retrasa mi ejecución durante un año yo conseguiré que hable su caballo.

Mientras el verdugo abandonaba el hacha y se dirigía las habitaciones del Conde para darle el recado, Monteagudo le dijo a su compinche:

-Tú estás loco. ¿Cómo piensas conseguir que hable un caballo?

-Durante un año -contestó Ademar- pueden pasar muchas cosas. Por ejemplo, puede morirse el conde o puedo morir yo... y por qué no, también puede hablar el caballo.

A lo mejor Rodríguez Zapatero solo espera a que hable el caballo para decidirse a convocar las elecciones. Y como la cosa va de équidos, se me viene a la mente el que quizá sea el mayor error cometido con reiteración por Zapatero: la pésima selección del personal "a su servicio". Alguien como él que piensa y dice que "todos y cada uno de los socialistas pueden aspirar a cualquier cargo interno o institucional" está destinado a emular a Calígula, quien, según se dice, nombró cónsul a su caballo. Y yo me pregunto: ¿en quién puede depositar mejor su confianza el César sino en su propio y fiel caballo?

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