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BALONCESTO | Final de la ACB

Gana el Barça, sale vivo el BBB

El primer ¿partido? de la final dejó varias cosas claras. Lo primero es que el Barça tiene muy presente lo ocurrido el año pasado, cuando se llevaron un soponcio frente al Caja Laboral a partir de la derrota en el primer partido de la serie, origen de todos sus males. De ahí su salida en tromba ayer contra el Bilbao, sin dudas ni reservas. Jugando cerca de su mejor nivel, resulta inaccesible para todos los equipos de la ACB. La defensa de los azulgrana durante los tres primeros cuartos fue difícilmente mejorable. Comienza en la otra canasta, cargando el rebote ofensivo de tal forma que impide el contraataque rival. A partir de ahí, cierran filas, aprietan los exteriores, ayudan en los bloqueos los hombres altos y no dudan en cambiar de hombre si es necesario. Si se ven superados por penetración, cuentan con su batería de intimidadores.

Los alzugrana permitieron al final un rearme moral de su rival, de consecuencias futuras a descubrir

El BBB chocó una y otra vez contra la muralla hasta que el debate estaba cerrado y pudo maquillar una derrota incuestionable. En especial Jackson, hasta ahora santo y seña del BBB, que tiene un problema en esta serie que se llama Víctor Sada. El base azulgrana es una lapa que borró del mapa a un hombre básico en el funcionamiento del equipo bilbaíno, que perdió velocidad y energía.

Todo lo contrario que gente como Navarro, imperial en el primer tiempo, o Lorbek, que es un tesoro. Está en todo y a todo, sabe buscar su espacio para hacer daño, tiene una muñeca certera y por si no fuera suficiente, su juego de pies las veces que juega de espaldas a canasta resulta tan inteligente como efectivo. Jugador que marca diferencias, fue el mejor. Ni es la primera vez, ni será la última.

Visto lo visto, el BBB se salvó de una buena. Cierto que en un playoff da lo mismo perder por un punto que por 50, pero para eso hay que tener muy mala memoria y saber olvidar en 48 horas. A finales del tercer cuarto el partido llevaba camino de una paliza azulgrana de difícil digestión por el calibre de la diferencia. Entre la perseverancia de los vascos y la lógica relajación del Barça, al final se quedó en casi nada.

Hay quien dice que al enemigo ni agua. Los blaugrana permitieron un rearme moral final de consecuencias futuras a descubrir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de junio de 2011