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Análisis:Las consecuencias de la crisis fiscal europea

Atenas, sometida a un doble 'electroshock'

Durante el fin de semana han arreciado los comentarios sobre la eventual salida de Grecia del Euro. La reunión de un grupo de ministros de Hacienda de la Eurozona el viernes pasado en Luxemburgo ayudó a dispararlos. Una salida poco probable pero no imposible. Su coste sería una maldición.

Si bien es verdad que la implantación de una nueva moneda fuertemente depreciada en Grecia tendría el efecto de proporcionar un gran impulso a las empresas exportadoras que sobrevivieran, también tendría otro bastante letal: multiplicar por el mismo factor de devaluación la deuda exterior griega, pública y privada, denominada en euros y otras divisas. Muy vigorosa tendría que ser la reacción exportadora para que la economía griega pudiera generar las divisas necesarias para hacer frente al pago de tamaño endeudamiento y evitar el impago de la deuda. Y más habida cuenta de lo difícil que las empresas griegas tendrían el acceso al crédito.

Grecia tendría problemas para generar las divisas necesarias si sale del euro

La medida tampoco resolvería la necesidad de generar recursos que tiene el Estado griego, en un clima social aún más deteriorado y poco apto para atraer turismo internacional.

El impago de la deuda griega pondría en serios aprietos a la banca francesa y alemana, aunque, antes, el mayor riesgo sería que, con tanto rumor, se terminara provocando un pánico bancario en Grecia, en el que todo el mundo intentara retirar (o transferir a depósitos bancarios fuera del país) sus saldos en euros. Ese pánico bancario sería una profecía autoverificada, en la que la expectativa de lo peor contribuye decisivamente a que lo peor se produzca. Pues semejante retirada de depósitos haría que el sistema bancario griego quebrara, con lo que la dimensión de la catástrofe llevaría a Grecia a una Gran Depresión y fuera de la zona Euro. Es decir, a la intemperie. Grecia retrocedería dos o tres décadas en PIB.

Esa es la dimensión de la catástrofe económica, social y financiera que podría producirse que, además, abriría el interrogante: ¿qué país será el siguiente?, llevando a la Unión Europea a una espiral autodestructiva

Quienes, euroescépticos o no, plantean la salida de Grecia del euro quieren someterla a ella y a Europa a un doble electroshock: el que aún está reverberando de la crisis financiera internacional iniciada en 2007 y otro de características semejantes al que provocó en 1992 la salida de Italia y Reino Unido del Sistema Monetario Europeo. El resultado sería devastador. Las autoridades europeas y griegas deben mantener el pulso. Aunque para ello quizá tengan que adoptar medidas drásticas como penalizar la salida de depósitos bancarios del sistema griego. Si el Tratado de Schengen va a tener su excepción transitoria, también puede tenerlo la libertad de movimiento de capitales en Grecia.

Juan Ignacio Crespo es director de Thompson Reuters.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de mayo de 2011