Cuando una voz se impone
Ni era sensato esperar grandes novedades del segundo disco del sexteto de Seattle, ni podía ser que no se notase que su primer álbum fue recibido como un clásico desde su publicación vendiendo medio millón de copias. Más, si se tiene en cuenta que la media de edad de la banda es de 24 años. Lo que ha pasado es que el líder, Robin Peckoll, ha dado un paso adelante y se ha cargado al grupo en la espalda. Su sonido, esa magistral puesta al día de Dylan, Beach Boys o Simon y Garfunkel, apenas se ha modificado, pero todos los temas giran alrededor de su voz, todas las letras hablan de él. No parece bueno para el futuro de los Foxes que suene a disco de autor, no de grupo.
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