Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:

Madurez renovada

WILLIAM DUBIN es biógrafo. Escribe sobre vidas ajenas. Descubrió su vocación cuando empezaba a sentirse incómodo como redactor de necrológicas. Cuando empieza la novela tiene 56 años, mantiene un duradero matrimonio con dos hijos.Dubin vive en un pueblo cercano a Vermont, en el Estado de Nueva York, entregado a su nuevo libro, una biografía de D. H. Lawrence.

Su prestigio como biógrafo ha merecido una medalla que le entregó personalmente el presidente Johnson.No es un hombre singular, tampoco él quiere serlo, y sabe mucho más de los escritores que investiga que de sí mismo. Al principio lo conocemos llevando una vidamás bienmetódica, preocupado de encontrar el mejor modo de abordar la turbulenta vida de Lawrence, quien decía que el sexo llega sin avisar, como un "hecho terrible, un sufrimiento, un privilegio y un misterio". Y esto es lo que le sucede a Dubin. Se le cruza Fanny, unamuchacha treinta añosmás joven, y con ella descubre no sólo una renovación del placer sexual, sino que "la fuente de la juventud es la presencia de la juventud". A este esquema cabría añadir, siguiendo con la convención que se apunta en la contraportada, que su mundo se desmorona; pero no, no se desmorona, se tambalea, se reconstruye con otros materiales, se llena de ansiedad y peligros, se retoca con colores más vivos y se surte de disimulo, audacia y turbación.

Las vidas de Dubin

Bernard Malamud

Traducción de Pepa Linares Sajalín.

Barcelona, 2011

578 páginas. 29 euros

BernardMalamud (Nueva York, 1914-1986) no es un novelista que se contente con exponer el problema; quiere que el problema también sea problemático.No le interesan los personajes rescatados de la abulia por la pasión, sino que se vea que la pasión está compuesta de grisáceas tácticas, de inconformes vulgaridades, y, a sabiendas de que "lamejor defensa contra un destino ordinario es una mujer extraordinaria", poder desengañarse de lo extraordinario. Fanny no es la característica femme fatale; es una chica tan desorientada como el propio Dubin en el adulterio, y ambos conseguirán, después de algunos desplantes y apuros, enderezarse según vaya perdiendo ella su espontaneidad y él, su empeño en fracasar. En Las vidas de Dubin nada se dirige a la resolución, sino a esa "ansia de aventura que contraviene la lógica del tiempo". Malamud, con discreta pero potente inteligencia narrativa, al elegir a un biógrafo, ha dispuesto también una reflexión sobre de qué modo contribuye la ficción a construirnos como personaje. Freud, según cita de Dubin, decía que "la verdad biográfica es inalcanzable, y aunque no lo fuera, resultaría inútil".

Nuestro personaje descubre que pertenece a la gente "que complica sus sentimientos para protegerse de ellos", que necesita de la biografía para conocer su propia vida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de abril de 2011

Más información

  • Bernard Malamud