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Crítica:

Los que hemos amado

Narrativa. Febrero de 1981. Sergio Santos es hijo de madre soltera, un maketo que vegeta en Algorta. Se dedica al surf y así ha entablado cierta amistad con un retorcido hijo de la alta burguesía vizcaína, Eder Berasaluze Saint-Bercie. Crece una relación de dependencia: Eder maneja dinero y contactos, rebosa planes. Ambos parecen ajenos a la violencia política: ETA acaba de asesinar a José María Ryan, ingeniero jefe en las obras de la cercana central nuclear de Lemoniz. El ambiente se enrarece. Una conocida se suicida, un yonqui muere bajo las ruedas del tren. Eder decide que conviene irse hacia la mítica playa de Anchor Point, en la costa atlántica de Marruecos. Los que hemos amado es la devastadora crónica de la iniciación de Sergio. Virgen, conocerá episodios de sexo sórdido. Inocentón, descubrirá la existencia de la maldad. Como en las ficciones de David Lynch, se le revelará un submundo secreto donde las drogas y la sumisión sexual son monedas de cambio. Willy Uribe (Bilbao, 1965) tiene una extensa obra, repartida entre varias editoriales. Veterano surfista, ha sabido imprimir un ritmo implacable a esta historia sombría, abundante en secundarios intrigantes: un calculador patriarca gitano, una puta encallecida, un conseguidor marroquí, abogados impasibles, desconocidos suspicaces y conocidos con agenda oculta. Como en la vida real, la trama está repleta de cabos sueltos. Demasiados para el romántico Sergio: de vuelta en Algorta, el pardillo pasara factura a todos los que le manipularon. Se transforma en un kamikaze, ansioso por estrellarse contra el portaaviones.

Los que hemos amado

Willy Uribe

Los Libros del Lince. Barcelona, 2011

228 páginas. 19 euros

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de abril de 2011