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Entrevista:LIBROS

Nadie habla del punk de Barcelona

El capo del sello BCore publica un exhaustivo repaso al espástico devenir que tuvo esta subcultura en la capital catalana. En el proceso encontró viejas rencillas no superadas.

"Mi ilusión sería que este libro estuviera en los estantes dedicados a la sociología, más que en los musicales", confiesa Jordi Llansamà, capo del sello BCore y autor de Harto de todo. Historia oral del punk en la ciudad de Barcelona, 1979-1987. Editado por su propio sello, el libro es un exhaustivo repaso al espástico devenir que tuvo esa subcultura en la capital catalana. Más de seiscientas páginas plagadas de anécdotas, algunas dolorosas, otras hilarantes. Casi todas reveladoras. También imágenes de la época -muchas inéditas, de archivos personales (aunque pensar que esta gente los tenía se antoja harto optimista) de los entrevistados-, discografía completa del género, afiches de conciertos, fotocopias de fanzines y recortes de diarios. "¡Se pueden leer!", interviene ufano Jordi al respecto de estos documentos de una época en la que todo estaba por hacer, incluso el lenguaje. Los okupas aún eran squatters. Lo que se quería no estaba disponible y para lo que estaba a la venta no había dinero. Solo quedaba la opción de hacerlo uno mismo. O robarlo. "Más que de otro tiempo, lo que narran los protagonistas del libro parece que pertenezca a otro planeta. Esto no ha sido nunca documentado. Se le ha prestado nula atención. Me gustaría que esta edición sirviera para documentar la época más que un sonido".

La retirada de las anfetaminas de las farmacias dejó sin competencia a la heroína

Estructurado a modo de historia oral, el libro incluye la voz de miembros de Último Resorte, Kangrena, GRB o Attack. La decisión de prescindir de La Banda Trapera del Río es del autor, personal e intransferible. Al fin y al cabo, la pelota es suya. "A muchos de los entrevistados ya los conocía y, en general, no ha sido muy complicado convencerles", recuerda Jordi. "Algunos se han negado, no estaban interesados en la nostalgia. Respeto su decisión. Algunos están muertos. Otros incluso han fallecido durante el proceso del libro". En muchos casos, protagonistas de una historia no contada antes, simplemente, porque nadie preguntó. "Me he dado cuenta de que hay aún rencillas no superadas. Mucha gente a la que he entrevistado todavía no ha olvidado. Se les nota. Eso sí, ninguno me ha pedido el contacto de ningún otro para ir a romperle las piernas".

"No sé hasta qué punto existía una rivalidad entre Madrid y Barcelona, a pesar de que las escenas fueran realmente distintas. Ellos tuvieron suerte de estar cerca del centro de poder y por entonces las autoridades no se enteraban de nada. Toda aquella gente joven y rara... Me da la sensación de que no sabían qué hacer con ellos. Último Resorte actuaron en Madrid, pero no acabó de salir bien. Al final, me parece que la diferencia vital entre ambas escenas es que las de Madrid tenían una vocación comercial de la que las barcelonesas adolecían", recuerda el autor. De alguna manera, mientras la movida tocó poder y convenció de su realidad creativa, el punk barcelonés pinchó hueso y corrió delante de la policía, a quien le importaba -y sigue importando- un pimiento si lo que perseguía eran miembros de una banda punk o quinquis. La frontera entre subcultura y delincuencia en la Barcelona de los primeros ochenta era casi inexistente. Al menos hasta 1984, cuando, como documenta el libro, actúa en Barcelona la banda de Austin MDC (Millions of Dead Cops) y la escena asume la insostenibilidad de su modelo anárquico y suicida. La retirada, años atrás, de las anfetaminas de las farmacias había dejado sin competencia a la heroína. La nueva realidad hacía estragos. "Su actuación en Barcelona es el momento en que se empieza a abandonar el punk más tradicional y se abraza el hardcore. Estos tíos eran vegetarianos y llevaban skates. En vez de culpar a los demás, se empieza a mirarse a uno mismo, a ser más constructivo. La escena hardcore viene más estructurada, es menos caótica y peligrosa".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de abril de 2011