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Análisis:EL ÚLTIMO RECURSO

La brocha gorda de la historia

Un miembro del Gobierno cántabro se vota a sí mismo para ser juez

Es conocido que el destino pinta la historia de aquellos que no tienen la suficiente fuerza como para levantar el pincel. Hace tiempo me contaron que, para prevenir esa circunstancia, el presidente de una gran empresa pública se percató, al poco de ser nombrado, de que no le gustaba el director general que había heredado de su antecesor, por lo que decidió despedirlo.

Hasta ahí, lo normal. Lo curioso es que el gran hombre, tras buscar infructuosamente un sustituto, no encontró a nadie que le ofreciera la suficiente confianza como para ocupar el puesto, por lo que, siguiendo el proverbio que dice que si quieres que algo salga bien, debes hacerlo tú, se lo ofreció a sí mismo y, por descontado, lo aceptó sin decir al que se lo proponía, que era él mismo, aquello tan usual de dame un día para pensarlo. Ya era al mismo tiempo superior y subordinado.

Pasado el tiempo, que a estos efectos todo lo deteriora, y cuando vio que iba a ser destituido como presidente, en su calidad de máximo mandatario perdió de repente su confianza en sí mismo en su condición de subordinado -no en la de presidente- y, sin remordimiento alguno, se despidió como director general, cobrando la correspondiente indemnización millonaria. Se desconoce si como superior se le quebró la voz por el conflicto emocional al tener que despedirse como subordinado de manera tan fulminante y sin preaviso, pero poco después tuvo que abandonar la presidencia, esta vez sin compensación económica de por medio.

Si este episodio ocurrido en la transición les parece delirante y propio de la Celtiberia posfranquista, aprecien la fuerza con la que ha cogido el pincel de la historia para pintar su propio destino el consejero de Presidencia y Justicia de Cantabria, Vicente Mediavilla, quien disfruta también de la condición de diputado autonómico por el Partido Regionalista de Cantabria, el del presidente de la comunidad autónoma, Miguel Ángel Revilla.

Mediavilla ya forma parte del poder ejecutivo y del legislativo de Cantabria, pero le debe de parecer poco, porque ahora se postula para ser juez por el turno de juristas de reconocido prestigio. Lo divertido del caso, si no fuera lamentable, es que Mediavilla, de 43 años, letrado de la Administración cántabra de profesión, que ha sido jefe del servicio jurídico del Gobierno de Cantabria, que es miembro de la ejecutiva del PRC desde 2006 y secretario del comité local de ese partido en Santander desde el año siguiente, no pretende un puesto cualquiera de magistrado, sino precisamente la vacante dejada por jubilación por Santiago Pérez Obregón, en la Sala Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria.

¿Dónde está el escándalo?, se preguntarán. Pues en que, aparte de convertir la separación de poderes en un batiburrillo con el que ni siquiera Berlusconi se ha atrevido, la citada sala es el tribunal encargado de juzgar los delitos cometidos por aforados de la comunidad autónoma. Es decir, como si el consejero de Justicia de la Comunidad Valenciana, nombrado por Camps, pretendiera integrar el tribunal que le tiene que juzgar por lo de los trajes. Porque de eso se trata; Mediavilla, caso de ser designado por el Consejo del Poder Judicial estaría encargado de juzgar no solo a sus amigos, sino también a sus enemigos políticos.

Mediavilla ha logrado el récord de casi simultanear los tres poderes del Estado, ya que, siendo consejero en activo, y ejerciendo como diputado autonómico, con su propio voto -y los de su partido y los de sus socios del PSOE- ha obtenido la mayoría necesaria para ser designado por el Parlamento regional para integrar la terna que se elevará al Consejo para el citado puesto de magistrado. Las otras dos personas elegidas para la terna, una a propuesta del PP y otra del PSOE, son consideradas en medios parlamentarios como "de relleno".

Todas las asociaciones de jueces y fiscales en Cantabria, y algunas a nivel nacional han puesto el grito en el cielo por lo que consideran una "quiebra del principio de separación de poderes" y una causa más de la merma de la confianza de los ciudadanos en la Justicia.

Mediavilla no se ha arredrado. Todavía no ha dimitido como miembro del Ejecutivo cántabro, y ha declarado que no ha hablado con Revilla sobre esa opción. Quizá prefiera no hacerlo hasta saber con certeza si el Consejo del Poder Judicial le nombra o no. Si es designado, dimite, y si no, continúa en su cargo.

Parece que el pincel de la historia que ha empuñado el consejero Mediavilla no es fino, sino una brocha gorda y con pegotes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de abril de 2011