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Asesinada una lotera a puñaladas en su despacho de Móstoles

El homicida, que intentó atracar la administración, huyó en un coche

A plena luz del día y en el centro del municipio. Así murió ayer apuñalada la vendedora de la administración de lotería número 4 de Móstoles, Elena Sanz Galindo, de 34 años, cuando estaba a punto de echar el cierre y marcharse a comer con su novio. Un individuo de unos 50 años con el pelo largo le asestó al menos cinco puñaladas que acabaron con su vida. Varios transeúntes intentaron reanimar sin éxito a la mujer, que se convirtió en la 14ª víctima de homicidio en lo que va de año en la región.

Eran las 13.30 cuando Elena Sanz salía del local situado en la calle de Juan XXIII esquina a la de Cartaya. Un hombre se acercó a la puerta y, según los testigos, intentó obligarla a entrar para que le diera la recaudación del día. La mujer se resistió. Y el hombre le asestó cinco cuchilladas. Tres en el abdomen y otra en el pecho izquierdo; la quinta le seccionó parte del cuello. El homicida se montó en su coche y huyó.

Los vecinos intentaron sin éxito reanimar a la mujer

Según varios testigos, la mujer, que vestía camiseta blanca y pantalones de cuadros, salió del local dando tumbos, malherida. Giró la esquina en busca de ayuda en una cercana agencia de viajes, que pertenece al mismo dueño que la administración de loterías. Dentro estaba la hija del propietario. Pero a Elena no le alcanzaron las fuerzas y cayó moribunda al suelo.

Un hombre que pasaba por allí la atendió. Era un enfermero. También acudió una auxiliar de enfermería que estaba con su marido tomando una cerveza en un bar próximo y que había salido del local para fumar. "Cuando he visto al hombre que la estaba atendiendo, ya casi no tenía pulso la pobre. Él le ha quitado la camiseta, que estaba totalmente ensangrentada, y le hemos visto las heridas. Estaba inconsciente y no decía nada", explicó.

Empezaron a hacerle el boca a boca. Otra chica les ayudó con un masaje cardiaco. "Le he taponado la herida del cuello y enseguida ha dejado de sangrar por ahí. Pero entonces ha perdido el pulso y ya no lo ha recuperado. No hemos podido hacer nada, siento una impotencia terrible. Era una chica guapísima, con unos ojos azules preciosos. Y encima tan joven", decía entre lágrimas la auxiliar de enfermería.

La llamada de aviso la recibió el 112 a las 13.32. Al poco llegaron los facultativos del Summa, que montaron una tienda de campaña. Estuvieron más de media hora intentando reanimar a la joven. Les fue imposible, las heridas eran mortales. Sanz sufrió un neumotórax -la sangre le había inundado los pulmones-, según un portavoz de Emergencias 112.

Tres testigos lograron recordar varios dígitos de la matrícula del coche del agresor. También dieron su descripción: unos 50 años, pelo largo y traje oscuro. Agentes de paisano patrullaron por los alrededores pero no vieron a nadie con esa descripción.

Uno de los primeros en llegar al lugar fue Pablo, el novio de la víctima. Al principio mantuvo la serenidad, pero después se derrumbó. Según algunos allegados, tenía la comida preparada y, al ver que no llegaba su novia, bajó a ver qué pasaba. En el trayecto le llamaron por teléfono para decirle lo que había ocurrido. Enseguida llegaron el hermano y el suegro de la fallecida. Todos fueron atendidos por psicólogos del Ayuntamiento de Móstoles. Luego acudieron más familiares y amigos.

También llegó muy pronto el alcalde mostoleño, Esteban Parro (PP), que recordó que la víctima era una persona muy conocida en el municipio. Convocó con carácter de urgencia la Junta de Portavoces, que decretó un día de luto, la celebración de una sesión extraordinaria de la Junta Local de Seguridad y que las banderas ondearan a media asta con un crespón negro en señal de luto.

Elena Sanz había vivido siempre en la localidad. Pertenecía a la peña Barbacana, una de las más famosas de Móstoles. Trabajaba en la administración desde hacía más de 10 años. Entre otros clientes, estaba el Ayuntamiento, que adquiría en ese local la lotería de Navidad. "Era una persona muy alegre, siempre con una sonrisa. Le decíamos que tenía que tener algún hijo, pero ella siempre nos contestaba que era Pablo el que no quería", explicó Herminia, una tía del novio. Ella era la menor de tres hermanos. Recientemente había estado de viaje en Nueva York. "Su madre se quejaba porque se había ido muy lejos, pero le decíamos que estuviera tranquila, que no la iba a pasar nada. Y donde le ha pasado ha sido aquí, en la puerta de casa", añadió Herminia llorando.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de abril de 2011