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Tribuna:

Los hogares, en apuros, y las empresas, preparadas

Esta semana el INE publicó la contabilidad trimestral no financiera de los sectores institucionales (CTNFSI) del cuarto trimestre del pasado año, que unida a la de los anteriores nos permite tener la radiografía de la evolución de la renta, consumo, ahorro, inversión en capital fijo y déficit de los hogares, empresas y Administraciones Públicas durante el año.

Comenzando por los hogares, lo primero que destaca es que la renta disponible de los mismos (713.424 millones de euros) disminuyó en 2010 un 1,8%, algo que probablemente no se ha producido desde que tenemos contabilidad nacional. Si tenemos en cuenta que la inflación media anual de los precios de consumo aumentó un 1,8%, la caída de la renta en términos reales aún fue superior, un 4,4%. Debido a ello, la participación de los hogares en la renta nacional bajó del 71,3% en 2009 al 68,8% en 2010. También bajó la participación de las instituciones financieras, siendo las Administraciones Públicas y sobre todo las sociedades no financieras los beneficiados.

La renta disponible de los hogares cayó un 1,8% en 2010 y las remuneraciones de los asalariados un 1,5%

En 2011 es previsible un nuevo descenso de la tasa de ahorro familiar, ante el alza de precios energéticos

Las remuneraciones de los asalariados retrocedieron un 1,5% como consecuencia de la caída del empleo y del moderado aumento de los salarios por trabajador. También contribuyeron a la pérdida las rentas de la propiedad y de la empresa, que en términos netos disminuyeron nada menos que un 23,6%, debido a que las rentas recibidas cayeron mucho más que las pagadas, todo ello explicado por la reducción de los tipos de interés. Los otros componentes de la renta familiar jugaron en conjunto a favor, ya que las prestaciones y otras transferencias recibidas aumentaron más que las transferencias e impuestos pagados.

Frente a esta caída de la renta, el consumo nominal (620.516 millones) aumentó un 4%. Como consecuencia, el ahorro, que había experimentado un fuerte ascenso en 2008 y 2009, se redujo casi en un tercio, situándose en el 13,1% de la renta disponible. Esta tasa sigue siendo unos dos puntos superior a la de los años anteriores al inicio de la crisis, pero supone una disminución de 5 puntos respecto a 2009 [gráfico superior izquierdo]. En ocasiones anteriores hemos comentado las razones de este comportamiento maniaco-depresivo de los hogares en cuanto a su propensión a ahorrar en los tres últimos años. En el ascenso influyeron el efecto precaución (ahorro del miedo), los importantes flujos de prestaciones y reducción de impuestos que recibieron de las Administraciones Públicas y la caída de los precios del consumo, sobre todo los de la energía. En 2010 estos factores actuaron en sentido contrario: las familias empezaron a perder el miedo y las no afectadas por la crisis, a consumir más, teniendo en cuenta que se terminaban las ayudas fiscales a la compra de algunos bienes duraderos y que iba a aumentar el IVA en julio del pasado año; los impuestos aumentaron y la inflación fue mayor que el aumento de los salarios y otras rentas. En 2011 estos factores van a seguir en escena y alguno incluso se va a recrudecer, como la inflación, por lo que es previsible un nuevo descenso de la tasa de ahorro familiar. Ahora bien, esto apenas va a impulsar el consumo real, pues el descenso del ahorro va a filtrarse a pagar más impuestos directos e indirectos y más rentas a los propietarios del petróleo y otras materias primas.

El descenso del ahorro no fue, sin embargo, tan elevado como para hacer entrar a los hogares en déficit. Partían de un superávit histórico y, además, continuaron reduciendo su gasto en inversión fija (vivienda). Así, el saldo total arrojó una capacidad de financiación (superávit) por un importe equivalente al 4% del PIB [gráfico superior derecho].

Otro de los datos más asombrosos de las cuentas nacionales es la evolución de la posición de las empresas no financieras [gráfico inferior izquierdo]. Si en 2007 llegaron a alcanzar un déficit del 11% del PIB, en 2010 lograron un superávit del 0,4%. Ello lo han hecho reduciendo la inversión fija pero, sobre todo, aumentando su ahorro, es decir, los beneficios que quedan en la empresa después de pagar impuestos y dividendos. Las empresas que siguen en pie han mejorado notablemente su situación, lo que es la antesala para el despegue de la inversión. Solo falta que se reactive la demanda y que vuelva a fluir con normalidad el crédito. Pero, para eso aún tendremos que esperar.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de abril de 2011