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COLUMNA

Madrid y los dioses

Madrid no es precisamente una ciudad demasiado afecta a lo divino, con algunas excepciones como Cibeles, Neptuno, Santa Gema, el Cristo de Medinaceli o la sangre licuada de San Pantaleón.

También cuentan bastante el Cerro de los Ángeles o las apariciones de El Escorial. Tenemos dos vírgenes absolutamente castizas: La Paloma y La Almudena. La catedral de Madrid, en cambio, es una de las menos agraciadas de España y acaso del extranjero. Por otra parte, pocas capitales habrá por ahí donde haya tantos librepensadores.

Sin embargo, el señor Arzobispo se lleva de maravilla con las autoridades locales y comarcales. No sé cómo se lo han hecho pero consiguen golear en todas las elecciones. Por eso sospechan algunos que Madrid es una las urbes más sacristanas del mundo. Sin embargo, que no se engañen los implicados.

Personalmente conozco a mucha gente de derecha que no va a misa ni se traga con facilidad lo que digan los obispos o el Papa. Uno de ellos me dijo así: "No me cambio de partido porque me da pereza. Pero he cambiado de opinión. La libertad para poder cambiar de opinión debiera constar en la lista de Derecho Humanos. Únicamente no cambian nunca de opinión los dioses y los necios".

A propósito, a lo mejor el alcalde, la Presidenta y el cardenal lo tienen todo amañado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de abril de 2011