Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Análisis:

Perseverancia

Aunque los Oscar son premios del cine mundial, reducen el universo a la cartelera norteamericana. Muestran que en las carreras artísticas la única receta es la perseverancia. Si finalmente resultaron premiados Natalie Portman o Colin Firth, no lo fueron tanto por sus películas del año como por la trayectoria. De Natalie Portman se enamoró casi todo el mundo cuando sobresalió con aquella vampiresa en patines y gorro de lana en Beautiful girls. Cisne negro es una película de sustos y sobresaltos, que escarba en la extenuante vocación del ballet con la misma hondura con la que Los bingueros reflexiona sobre la adicción al juego.

Colin Firth tuvo peor suerte. La aparición más relevante de sus comienzos fue en el Valmont de Milos Forman, película humana y deliciosa, que perdió la partida frente a la versión más cínica de Stephen Frears y Christopher Hampton de la novela de Choderlos de Laclos, estrenadas el mismo curso. Los críticos achacaron parte de la culpa del fracaso a ese protagonista soso y sin encanto que les parecía Firth. Pero las opiniones apresuradas son papel arrugado frente a la traviesa justicia del tiempo y tanto Anette Benning como Firth, protagonistas en plena frescura de la película de Forman, se sentaba anoche en la gala de los Oscar sobre carreras bien consolidadas.

A los americanos les encanta que las películas inglesas sean muy inglesas y las francesas muy francesas y las españolas muy españolas. Y nada hay más inglés para un americano que la familia real británica y ese acento particular de la madre patria. En cuanto un actor hace de Rey o Reina de Inglaterra corren a nominarlo. Y más si el monarca padecía autismo, tartamudez o locura. Uff, qué gusto. La corona trajo suerte a Charles Laughton, Nigel Hawthorne, Kenneth Branagh, Judi Dench, Cate Blanchett y Helen Mirren. Y para los que confían en que el cine es una fuente de riqueza nacional, basta recordar que El discurso del rey está cerca de ser la película más rentable del cine inglés. Costó 9 millones de libras y se espera que recaude 300 millones de dólares en el mundo, con su ingreso proporcional para el Consejo del Cine del Gobierno británico, que contribuyó con un millón de libras a su producción.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de febrero de 2011