Un muerto al día y no hay tutía

El teatro musical bueno es la belleza inteligente: dos facultades en una. Esta sorprendente versión de bolsillo de Ruddigore o la estirpe maldita, opereta gótica de Gilbert & Sullivan, tiene una energía coral, un nivel interpretativo homogéneo y un desparpajo que ya lo quisieran la mayoría de los musicales de éxito de gran formato. La complicidad existente entre sus intérpretes no se improvisa en dos meses de ensayos: estudiaron juntos cuatro años en el Institut del Teatre e hicieron una primera y aclamada función a partir de canciones de Boris Vian. Con Ruddigore han cosechado los premios de la crítica barcelonesa y de la Fira de Târrega al mejor musical y al mejor espectáculo.
EXPULSADAS DEL PARAÍSO
Coreografía y dirección: Elena Córdoba. Asistente: María José Pire, con Montse Penela y Camille Hanson. Luces: Carlos Marquerie.
Festival Escena Contemporánea.
Sala Cuarta Pared. 19 de febrero.
Todos cantan de miedo, sin micro, vocalizan perfectamente, actúan con gracia y pasan batería de sobra. Ellos mismos han adaptado el texto y la música, en versión para piano solo, y han hecho el vestuario. Con unos reflejos que ya quisiéramos tuvieran nuestros teatros públicos con las compañías jóvenes madrileñas, el Teatre Nacional de Catalunya coprodujo su siguiente montaje y lo programó cinco semanas en su sala grande, a llenazo diario.
Este Ruddigore conserva el nervio, la gracia y la musicalidad alada del original, con la ventaja de que, en la remozada sala chica del teatro Fernán Gómez, el espectador más lejano está a cinco pasos del escenario, situado a ras del suelo. Sin renunciar al tono de farsa bien medida que imprimen actores y director, se hubiera podido perfilar con más precisión las motivaciones de los personajes: también un vestuario menos empastado podría haber añadido matices de carácter a cada uno de ellos. Pocas pegas son estas para un espectáculo que corre de miedo y deja un sabor de boca estupendo.
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