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Reportaje:FÚTBOL | 24ª jornada de Liga

"¡Hago menos de una falta por partido!"

Ballesteros, el 'jefe' del Levante, que visita al Madrid, ve infundada su fama de duro

Los aficionados que vayan hoy al Bernabéu le distinguirán fácilmente. Sergio Ballesteros mide 1,88 metros. Tiene un cuerpo prismático. Su espalda y su pecho forman dos paralelogramos que cierran en el cuello de toro. Su cabeza recuerda a un bloque sin tallar. Aparenta lentitud e insensibilidad. Pero por debajo del blindaje se agita un futbolista rápido en el cruce, experto en el primer pase y hábil para tomar decisiones. Envuelto en la carrocería de tanque, hay un tipo que sufre cada vez que le juzgan por las apariencias.

"En los 15 años que llevo de carrera, nadie se ha preocupado de mirar mis estadísticas", dice Sergio Ballesteros, indignado, al conocer la noticia. La noticia son 95 minutos. El promedio de tiempo que transcurre desde que hace una falta hasta que le pitan otra ha ido aumentando desde 50 minutos en 2001 a 95 en esta Liga. Un tiempo considerable teniendo en cuenta que en la última década su nombre, unido a su perfil robusto, ha tenido resonancias violentas. "¡Pero si hago menos de una falta por partido!", se asombra, dejando entrever un tono de alivio; "realmente, no tenía ni idea. Y yo no sé si la gente lo ha comprendido, pero soy central. Ni delantero, ni medio ni lateral. Central".

"En mis 15 años de carrera, nadie miró mis estadísticas. Además, soy central"

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A Ballesteros le duele que le tachen de duro. Pero, como vive de poner límites a los contrarios, no le queda más remedio que cumplir con los deberes ingratos del oficio. Sobre todo, hoy, que regresa al lugar del mayor escarnio de su carrera. "Si vas al Bernabéu, te meten ocho goles y tú no haces faltas, es malo", recuerda. En la memoria de Ballesteros se ha clavado el 8-0 que su equipo, el Levante, recibió en la Copa hace dos meses y el hecho de que, en plena goleada, solo hizo una falta, a Marcelo. En Valencia, en la Liga (0-0), tampoco se excedió: su única falta recayó sobre Cristiano.

Ballesteros cuenta los preparativos para resistir al Madrid y es fácil imaginar lo que sintieron los fusileros británicos en Waterloo mientras esperaban el ataque de la Guardia Imperial. "Las órdenes las da el entrenador y después hablamos todos", dice; "en nuestro equipo, hablar es fundamental porque la comunicación durante un partido es mucho más importante para defenderse que para atacar".

"El Madrid es el equipo del mundo que mejor contragolpea", advierte. "Alonso es el lanzador, el que hacer circular el balón, y Cristiano es el más peligroso con espacio por delante. Para contrarrestarlos tendremos que jugar como en nuestro campo", prosigue; "estando muy juntos, asegurando el primer pase para no cometer errores y no perdiendo balones donde ellos te pueden hacer daño. Tenemos que jugar un partido lento. Que no sea de ida y vuelta. Todo lo contrario que nos pasó en la Copa, que salimos a apretar arriba, nos hicieron dos goles y a partir de ahí nos contragolpearon. Lo que tenemos que hacer es mantenernos juntos en la mitad de campo y esperar a que vengan. Sin apretarlos muy arriba. Presionando, pero con mucho orden y cerca de nuestra área".

"Debemos ser muy cuidadosos cuando salimos a presionar para no quedarnos en el medio de la nada", dice, explicando que las líneas deben moverse juntas para no dejar huecos por los que se puedan colar Özil, Cristiano o Di María. "Cuando presionemos, tenemos que ir todos. Para esto, como para todo, el puesto más importante del equipo es el del mediocentro, el eje, Xavi Torres. Es el que más comunicación tiene que tener con todos. Sobre todo, con los delanteros, que son muchas veces los que inician la presión saliendo a apretar. Si la presión del delantero es buena, el mediocentro tiene que salir para acompañarlo y detrás debe ir la defensa. Así, para presionar, para bascular, para ayudar... Siempre juntos".

Alguien comparó la defensa del Levante con Grupo Salvaje, la legendaria banda de cuatreros crepusculares retratados por Sam Peckinpah. Todos tienen más de 30 años. Todos enfilan la última recta de sus carreras. Todos, al cabo de peripecias físicas, económicas o deportivas, han sufrido el temor a perder el sustento. Todos se resisten a dejar el fútbol sin antes dar una buena batalla. Todos se cuadran alrededor de Ballesteros, a sus 35 años, el más veterano. El que pone orden y aclara conceptos: "Aquí nadie está al final de su carrera. Aquí estamos todos unidos. Aquí nos ponemos las pilas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de febrero de 2011