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Edad de jubilación, incentivos y flexibilidad

En 2001, Peter Diamond, uno de los investigadores sobre sistemas de pensiones más citado en el mundo y actual Premio Nobel de Economía, habló de este asunto en nuestra Universidad. Indicó que los trabajadores presentan diferencias en aspectos como la esperanza de vida (EV), las oportunidades para seguir trabajando y la acumulación de cotizaciones para la jubilación. Señaló que un buen sistema de pensiones debe ser lo suficientemente flexible tanto para permitir que diferentes perfiles de trabajadores puedan jubilarse a distinta edad, como para generar incentivos para que decidan prolongar su actividad laboral.

En cambio, la propuesta de retrasar en España la edad de jubilación a los 67 años crearía un sistema más inflexible para los trabajadores manuales, incrementando la pobreza, y desincentivaría la permanencia de los cualificados. Asumiendo que la realidad es más compleja, mostraré mediante dos tipos ideales de trabajadores los mecanismos que hay detrás de la afirmación anterior. Plantearé una propuesta para gestionar la diversidad laboral caracterizada por incrementar la flexibilidad, los incentivos y la edad media de jubilación.

Primar el retiro tardío de los trabajadores cualificados es una fórmula más justa
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María, de 63 años, reside en Ciutat Vella, un barrio popular de Barcelona, y trabaja como mujer de la limpieza en la Universidad. Juan, de 63 años, vecino del barrio acomodado de Pedralbes, de Barcelona, es catedrático en esa misma Universidad. Durante los últimos años, el estado de salud de María ha ido empeorando, provocando muchas bajas. Debido a una condromalacia rotuliana, nota muchas molestias cuando friega las escaleras de la facultad. Por el contrario, Juan irradia energía, es un apasionado de su trabajo y acaba de publicar el libro más importante de su trayectoria profesional. Al llegar a la facultad, aunque dispone de ascensor para subir a su despacho ubicado en la tercera planta, prefiere utilizar las escaleras y hacer un poco de ejercicio cada día.

Asumamos que María y Juan se comportan según los patrones promedio de sus respectivos grupos de edad y cualificación. Son dos perfiles de trabajadores radicalmente distintos en la transición hacia la jubilación. María empezó a trabajar a los 17 años y Juan, a los 21. Y María tiene una EV entre ocho y 10 años inferior a la de Juan.

Para María, el sistema actual ya es injusto, pues desea jubilarse antes de los 65 años. Al aplicarle penalizaciones de entre un 6% y 8% por cada año que se jubila anticipadamente, vería reducida su pensión. Pero es que retrasar la jubilación a los 67 años supondría un sistema aún más injusto, al incrementar dos años las penalizaciones por jubilación anticipada. Imaginemos que María no tuviera problemas de salud y pudiese jubilarse, con el sistema actual, a los 65 años. Sin penalizaciones del 8%, le correspondería una pensión de 785 euros. Pero si se jubilara hoy con 63 años, con las penalizaciones vería mermada su pensión, recibiendo 660 euros. Y a los 63 años, con la propuesta de los 67, vería reducida su pensión hasta 558 euros, situándola por debajo del umbral de la pobreza.

La realidad de Juan y de la mayoría de los trabajadores más cualificados es otra. Disponen de un mejor estado de salud, un trabajo no alienante y podrían seguir trabajando pasados los 65. Pero el sistema actual no incentiva positivamente a estos trabajadores. Determinados colectivos se ven forzados a jubilarse a los 65 y además los incentivos para seguir trabajando son casi inexistentes. A partir de la reforma de 2008 es posible que Juan incremente su pensión en un 2% o 3% por año adicional, pasados los 65 años, después de haber cotizado durante 35 o 40 años. Pero al ser un incentivo ínfimo, este catedrático ha decidido jubilarse a la edad legal.

Peter Diamond propone: 1. Establecer una edad temprana para la jubilación anticipada flexible. 2. Incrementar la pensión para aquellos trabajadores que retrasan su jubilación. La propuesta flexible, que no empeoraría las condiciones de vida para los trabajadores manuales con una EV reducida y menores cotizaciones, debería mantener los 65 años. Para los más cualificados, con una EV mayor y cotizaciones elevadas, tendría que continuar esta edad, pero flexibilizando y modificando el sistema de incentivos. No tiene mucho sentido penalizar al trabajador con un 8% anual por jubilación anticipada y solo incrementar su pensión futura en un 2% o 3% por año adicional trabajado pasados los 65 años. Existe margen para subir los incentivos.

En Estados Unidos, por cada año adicional trabajado, superada la edad de jubilación, existe un incentivo económico del 8%. Una propuesta flexible y atractiva para prolongar la actividad laboral de los trabajadores cualificados sería establecer un sistema de incentivos escalonado: un incremento del 6% de la pensión a los 66, un 7% a los 67, un 8% a los 68, un 9% a los 69 y un 10% pasados los 70 años. Conseguiríamos prolongar la vida laboral de los trabajadores que tienen mejor estado de salud. Son los que deberían permanecer más tiempo activos, ya que sus cotizaciones son elevadas y disponen de un capital humano importante. Generaríamos así mayor flexibilidad e incentivos en el sistema, incrementando la edad media de jubilación del país, acercándola a la edad legal de jubilación, sin perjudicar a determinados grupos sociales.

Luis Recuenco es profesor de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Pompeu Fabra y coautor de Por un sistema de pensiones públicas sostenible.

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