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Reportaje:

101 años de Carvalho Calero

Ferrol monta una exposición para reclamar el Día das Letras para el filólogo

Ferrol quiere saldar cuentas con uno de sus vecinos más insignes, figura capital de la literatura gallega del siglo XX, cuyo legado quedó diluido en el olvido institucional como las piedras desmoronadas de su casa natal, en el barrio de Ferrol Vello. Ricardo Carvalho Calero (Ferrol, 1910 - Santiago, 1990) alumbró pensamientos y escritos que reforzaron la autoestima galaica, y dedicó su vida a dignificar el idioma y la cultura gallega. Vivió 80 largos años, pero su ciudad no lo declaró Hijo Predilecto hasta el año de su muerte.

Su testamento intelectual y educativo pasó prácticamente desapercibido en las aulas del municipio. Un centro cultural en el Inferniño, un instituto en la avenida Castelao de Caranza y un premio literario de cierto prestigio son las pocas huellas visibles de su origen geográfico. Un olvido que el BNG local consideró "humillante" en 2010, cuando se cumplía el primer centenario de su nacimiento. Carvalho Calero fue desplazado de la agenda cultural por el aniversario de otro ferrolano ilustre, Gonzalo Torrente Ballester. Las actividades programadas para Calero quedaron relegadas a un plano residual, concentradas en unas discretas jornadas literarias y en una exposición que se estrenó esta semana y con dos meses de retraso.

Su centenario fue desplazado de la agenda oficial por el de Torrente

El lusismo del profesor lo apartó de las instituciones políticas y culturales

Para enmendar décadas de desmemoria, el Ayuntamiento inauguró el pasado martes Carvalho Calero, desde Ferrol para o mundo, una exposición monográfica en el centro cultural que lleva su nombre. Veinte paneles en semicírculo, varias vitrinas y una pantalla que proyecta imágenes y fragmentos de entrevistas, dan forma a la muestra, que avanza en bloques cronológicos para recorrer la trayectoria vital de Calero a través de fotografías, manuscritos y objetos personales cedidos por su familia: como un bastón, un reloj de bolsillo, su birrete de catedrático y la medalla de la Real Academia. Licenciado en Derecho y Filosofía, filólogo, historiador, ensayista, editor, intelectual galleguista y republicano, Carvalho Calero fue el primer catedrático de Lingüística e Literatura Galega de la Universidad de Santiago de Compostela en 1972.

Fue bautizado como Ricardo Leopoldo Ángel José Gerardo Carballo Calero, pero acabó por lusificar su apellido, firmando como Carvalho, cuando se erigió en el gran pensador del reintegracionismo, corriente que aboga por unificar las lenguas gallega y portuguesa. Pasó su infancia corriendo por las calles de Ferrol Vello. Fue un poeta precoz, un estudiante comprometido y combativo que presidió la Federación Universitaria Escolar. En verso y en prosa, casi siempre en gallego, pero también en castellano, engordó las páginas de las revistas A Nosa Terra y Nós, donde alternó con Castelao, Risco y Otero Pedrayo. Se atrevió con la narrativa y el teatro, pero destacó en el ensayo, con vocación rosaliana, evidenciando su debilidad por la autora de Cantares Gallegos.

Integró el núcleo fundacional del Partido Galeguista en 1931 y participó de la redacción del anteproyecto de Estatuto de Galicia que la Guerra Civil dejó en suspenso, como su plaza de funcionario en Ferrol. El inicio de la contienda lo pilló haciendo otro examen en Madrid. Le colgaron los galones de teniente y se arrastró por las trincheras andaluzas. Pagó su ideario republicano con represión carcelaria y educativa. Fue condenado a 12 años y un día de reclusión en Jaén, pero salió antes de tiempo, en 1941. Inhabilitado por el franquismo, peregrinó por la enseñanza privada de forma clandestina. Se carteó con Fernández del Riego sin cejar nunca en su defensa de Galicia, plasmada en obras como Historia da Literatura Galega Contemporánea (Galaxia, 1963) o Gramática Elemental del Gallego Común (1966).

La Academia lo invitó a ingresar en sus filas en 1957 y casi una década después, el régimen franquista le permitió ejercer la docencia desde la tarima del Liceo Rosalía de Castro de Santiago. Tenía 62 años cuando estrenó orgulloso la primera cátedra de Lingua e Literatura Galega de la universidad. Porfió en el reintegracionismo y muchos colegas le dieron la espalda. "Le costó su aislamiento de las instituciones políticas y culturales", resume la muestra dedicada a su persona.

Hace tres años que el Ayuntamiento de Ferrol reclama a la Academia que dedique el Día das Letras al filólogo. No será el 2011, ya comprometido al monfortino Lois Pereiro. "Es un deseo que comparte toda la ciudad, y que confiamos en lograr a base de perseverancia", resume el alcalde Vicente Irisarri. Su casa natal, en el número 51 de la calle San Francisco, en Ferrol Vello, es un futurible proyecto de museo. La corporación local aprobó la compra del inmueble por 350.000 euros después de cierta polémica por un coste que parecía excesivo para una casa en ruinas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de enero de 2011