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gastronomía

Restaurantes secretos... y no tan secretos

Crece la moda de cenar en locales escondidos

Un joven se acerca a dejar una chaqueta a una tintorería barcelonesa. Mientras mira los precios, ve que llega un grupo de amigos. Hablan con el encargado, les toma las huellas, pulsan luego un sensor, y se abre una puerta: no hay vapor de planchas, sino mesas y olor a comida. La tintorería Dontell es realmente el restaurante Don't Tell. "No lo cuentes", dice el nombre en inglés. "Debo ser el único al que no se lo han contado", piensa el chico despistado.

Lo que da morbo a la clientela de Londres, Nueva York, Berlín o Barcelona (donde más abunda el tema) es que le den una clave, un número de teléfono, y nada sea lo que parece. Es la atracción del secreto y de estar entre los escogidos. Y si aparece en la televisión o en YouTube, el secretismo ya es negocio (con precios que oscilan entre los 25 y 60 o más euros).

El Grupo Evoluciona, promotor del club Urban Secrets, está en plena expansión en Barcelona: tras Don't Tell, que abrió en 2009 (en Aribau), estrenó en diciembre de 2010 Chi-Tón que se esconde tras una tienda de souvenirs (calle Provenza) y prepara el aterrizaje en Madrid.

También estudia la expansión internacional Cenasclandestinas.com. En San Sebastián hicieron una el pasado diciembre y planean "una noche, con un chef tres estrellas, en una sinagoga de Manhattan", anuncia Jon Idiakez, cuyas referencias escenográficas andan "entre Hannibal Lecter y Eyes wide shut".

Mutis, que abrió hace un año en Barcelona, prefiere mantener una filosofía más discreta y no masiva, por expreso deseo de su impulsor, Kim Díaz, que lleva cinco años desarrollando en el Bar Mut un solvente espacio de tapería moderna (con sabor a barra antigua de vermut). En el pequeño y cabaretero Mutis se juntan famosos de la cocina y la cultura con ciudadanos anónimos "que saben beber y saben estar". Hay música y canalleo fino. Entras si Kim te pasa el número de teléfono. "No es un negocio ilegal", advierte Díaz para diferenciar lo escondido de lo clandestino. Aunque se juegue con el nombre. Desde 2002 se entra al restaurante Speakeasy por la puerta de atrás del Dry Martini Barcelona, como en la Ley Seca. Y, desde 2005, la tienda de muebles madrileña Asiana se convierte de noche en un cenador.

Pero sí existen ejemplos de economía sumergida. Las crisis (generales y personales) son terreno abonado. Dolo, la cantante de Pastora, confiesa que dio de comer a escondidas en su casa como ayuda para pagar el alquiler.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de enero de 2011