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Editorial:

¿Un FN respetable?

Marina Le Pen asume en tono suavizado la jefatura de una extrema derecha francesa en auge

Durante cuatro décadas Jean-Marie Le Pen, campeón de la extrema derecha, ha contribuido a perfilar la política francesa desde el Frente Nacional (FN), que fundara en 1972. En 2002, para estupefacción general, derrotó al socialista Lionel Jospin -un trauma todavía vigente en el PS- en la primera vuelta de las presidenciales, para caer después ante Jacques Chirac. El traspaso de poderes a su hija Marina, sancionado con entusiasmo por los delegados al reciente congreso de su partido, tiene la importancia que le otorga el auge de la derecha en Francia y el hecho de que el FN sea, según los sondeos, el depositario de entre el 16% y el 18% de los votos para las presidenciales del año próximo. Suficiente para poner nerviosos a los partidos tradicionales.

Marina Le Pen y su popularidad creciente constituyen a 15 meses de los comicios un peligro para Nicolas Sarkozy que el partido gobernante analiza con cuidado. La hija del veterano líder fascista, de 42 años, experimentada y flexible, ha trabajado con ahínco y éxito para atemperar y hacer más respetable la imagen de la formación absolutamente dominada por su padre, diluyendo algunos de sus más inaceptables mantras neofascistas. Es probablemente la única persona capaz de ampliar el espectro de un partido construido en torno a la agitación y una cruda demagogia para intentar conducirlo a la corriente de una derecha ruda, pero decorosa.

El Frente Nacional sigue manteniendo en la confrontación sus señas de identidad: contra el islam, contra el euro y contra la globalización. Pero en el viraje en curso la nueva jefa prefiere destacar aspectos más gratos a la mayoría de los franceses. En su discurso-programa de Tours, aceptando el timón, Marina Le Pen enunciaba como premisas irrenunciables de la acción política del FN el republicanismo, el laicismo y la democracia. De creerla, más republicano, democrático y laico que nadie.

La aparente convicción con que proclama ese credo coloca a la hija de Le Pen en disposición de capitalizar la deriva derechista de la sociedad francesa. La gobernante UMP busca ya cómo contrarrestar los embates del FN en asuntos tan electoralmente claves como la seguridad y la inmigración. Sarkozy sabe tan bien como cualquiera que el porcentaje de votantes que arrastra el Frente Nacional, con tendencia a aumentar, será crucial en las presidenciales de 2012.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 19 de enero de 2011