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CARTAS AL DIRECTOR

Derecho de admisión

De golpe y porrazo, el Gobierno ha reservado el derecho de admisión en propiedades que no son suyas. Vamos, que se ha cargado de un plumazo -lo que ha tardado Zapatero en firmar la ley antitabaco- el más elemental derecho que desde siglos tenía el propietario: dejar entrar en su casa a quien le dé la gana. Es natural que en locales cerrados, o incluso abiertos, de titularidad pública, sean cuales sean, el Gobierno pueda llevar hasta sus últimas consecuencias la ley y exigir su cumplimiento. Pero es lógico pensar que no puede tener el mismo derecho cuando se trata de propiedades privadas y ajenas.

En cualquier negocio de titularidad privada, su propietario tiene, o tenía, reservado el derecho de admisión, y así se hacía constar desde siempre en muchos bares, por ejemplo. La antigua ley salvaguardaba ese derecho, que ahora el Gobierno, al no dejar fumar en bares y cualquier recinto cerrado, es quien se apropia de ese derecho básico y ancestral de cualquier propietario. De hecho, el famoso cartelito ahora habría que rotularlo "el Gobierno se reserva el derecho de admisión en este local", pues es obvio que el propietario del mismo ya no tiene ni ese derecho.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de enero de 2011