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Entrevista:XAVIER MALLAFRÉ | Presidente del Gremio de Editores de Cataluña

"El libro ha de saber llegar al tiempo de ocio del consumidor"

"El editor lo que tiene es clientes". La frase, casi perdida entre las palabras surgidas siempre deprisa y acompañadas de una sonrisa que promete más que da, define muy bien a Xavier Mallafré (Barcelona, 1969) y el talante de cómo y por dónde el actual director general de Grup 62 piensa llevar las riendas del Gremio de Editores de Cataluña como nuevo presidente desde ayer. Los tiempos (la edición digital, las nuevas plataformas de distribución y venta, la piratería) traen el sonido de tambores "de una revolución" y la patronal catalana quiere a alguien que los interprete sin dudar. Estar parado ya es un error y si hay una equivocación no habrá margen para la marcha atrás. Los peligros de los tiempos 2.0.

"Crearemos un observatorio profesional abierto a autores y traductores" "Se darán más casos como el de Anagrama: el sector está aún muy disperso"

Pregunta. Mandato en tiempo convulso. ¿Por qué apostará?

Respuesta. Es un momento de cambio de modelo de negocio, con nuevas y urgentes formas de edición y comercialización: por eso será necesaria mayor proximidad con el agremiado y crear un espacio de reflexión que nos ha de conducir a mejorar las relaciones con libreros y distribuidores, pero también con los sectores de la música, el audiovisual y hasta de los videojuegos. Ahora se ha de tener una visión de 360 grados sobre el mundo del libro, mirando de aprender de otros ámbitos y trabajar con ellos porque tenemos frentes comunes: la propiedad intelectual, la ley Sinde...

P. ¿Y cómo lo articularán?

R. Crearemos un observatorio profesional del libro aprovechando la Cámara del Libro, que es la correa de transmisión más potente del sector porque ahí están todos representados y que ahora ha perdido sentido al descender la exportación en papel. Se trata de reinventarla y abrirla quizá a autores y traductores.

P. Aterriza en pleno debate sobre la propiedad intelectual ante el libro electrónico...

R. Aquí será necesario trabajar la reflexión: es ridículo que la gente se gaste 600 euros en un Ipad y, en cambio, piense que los contenidos culturales han de ser gratuitos; no tiene sentido que los beneficios estén sólo en las empresas tecnológicas y en las de conectividad; el valor creado se lo queda el de las autopistas cuando la cultura es la gasolina del coche...

P. Tampoco ayuda a esto y a la piratería que los editores tarden tanto en pasar las novedades al formato digital.

R. El proceso es más complejo y no depende sólo de los editores: los autores y los libreros también recelan; por no hablar del agravio fiscal al aplicar el 18% al libro electrónico frente al 4% del papel: la mitad del ahorro se lo queda el Estado. Las reglas del juego han de cambiar porque si no...

P. Porque si no...

R. La gente consumirá cultura por otras vías. El libro ha de saber llegar al tiempo de ocio del consumidor. Y eso afecta a todo el sector: los autores deberán decidir quién quiere que vehicule sus contenidos y cómo, qué servicios quiere de un editor; éste deberá ser más activo y proponer temas y hacer proyectos a medida del autor; los distribuidores deberán profesionalizarse más y reducir su proliferación porque los señores Google, Apple y Amazon se pondrán a comercializar. Los libreros tendrán que aprender a ser prescriptores también en la red; de ellos me preocupa la sucesión de la actual generación.

P. Parece imparable el incremento de ventas en grandes superficies más que en librerías...

R. No tanto en Cataluña; pero el librero tendrá más competencia porque se acabarán vendiendo libros fuera del circuito de librerías: a partir de bibliotecas, organizaciones que pueden ser un canal, los clubes de libros...

P. ¿Lijará las diferencias entre el gremio y la Asociación de Editores en Lengua Catalana (AELC)?

R. Desde lo de Cataluña como invitada de la Feria de Fráncfort, las relaciones han mejorado, pero que haya distancia es sano. El gremio habla más de industria y la asociación, de lengua; el abanico de sensibilidades en el gremio es más amplio, pero no es malo: no hagamos lecturas sociopolíticas.

P. ¿Que la supuesta capital de la edición española edite un poco menos que Madrid o que el archivo de la agente Carmen Balcells haya sido adquirido por el Ministerio de Cultura preocupa?

R. Los títulos editados no me parecen una medida real de la situación; me preocupa más si Cataluña ajusta mejor sus stocks con las devoluciones, por ejemplo. ¿Archivo Balcells? Habría ido bien que se hubiera quedado en Barcelona; quizá el sector necesita un gran archivo histórico pero es inviable sin ayuda pública.

P. ¿Y la venta de Anagrama a Feltrinelli? ¿No se habría de haber quedado el sello en casa?

R. Siempre es mejor que estos procesos se den con accionistas de aquí. Temo que se darán más casos porque el universo editorial catalán y español está aún muy disperso y las firmas extranjeras ven una vía al mercado hispano. Ahora lo importante es luchar para que la sede de Anagrama se mantenga después en Barcelona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de enero de 2011