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El desafío de Cascos al PP

Rajoy dejó que Cascos se indignara mes y medio antes de tirar la toalla

El ex secretario general avisó el 17 de noviembre de que se daría de baja del partido

Mariano Rajoy ha dejado deliberadamente que Francisco Álvarez-Cascos dejara el Partido Popular. El líder del PP sabía desde el pasado día 17 de noviembre que la indignación del ex secretario general por los insultos de dirigentes populares asturianos y la ausencia de respuesta disciplinaria desde la cúpula del partido había llegado a su límite. Ese día, camino de Santander, Álvarez-Cascos habló por teléfono con el presidente del Comité de Derechos y Garantías, Alfonso Fernández-Mañueco, y le comunicó que su próximo movimiento no sería el envío de otra carta con quejas sobre las declaraciones que creía insultantes de esos destacados dirigentes asturianos, sino su baja como militante. Cascos, además, le dijo a Fernández-Mañueco que trasladase a la dirección del partido la conversación que acababan de tener. Y tanto Cascos como Fernández-Mañueco sabían perfectamente qué quería decir ese comentario.

Cascos dice que el 17 de septiembre Rajoy le respaldó y éste no lo confirma

Rajoy al PP de Asturias: "¿Tenéis mucha prisa en que sea candidato?"

La dirección del PP ha transmitido estos días su extrañeza porque Cascos dejase el partido tras 34 años de militancia.

Cascos ya había mantenido dos meses antes, concretamente el pasado 17 de septiembre, una conversación bilateral con el propio Rajoy y de la misma extrajo, según ha comentado públicamente este pasado fin de semana, que el máximo líder del PP le respaldó hasta dos veces para ser el próximo candidato al Principado de Asturias. En el entorno de Rajoy, sin embargo, cuestionan esa conclusión. Dicen que nunca le llegó a explicitar, en esa charla privada, ni que estaba a su favor ni que rechazaba que se presentase a las elecciones del 22 de mayo.

En la dirección del PP de Asturias, que ha tenido que manejar con bastante esquizofrenia política este último año, con momentos de respaldo y de rechazo a Cascos por meses, sostienen que Rajoy nunca pudo refrendar en ese encuentro privado las aspiraciones de Cascos. Y justifican esta posición en que, si eso hubiese sucedido, Rajoy lo habría tenido muy fácil, con solo comunicar esa posición al partido en Asturias. "Somos un partido muy jerarquizado y disciplinado y si Mariano dice que tiene que ser Cascos pues se aprueba y ya está, pero Mariano nunca nos dijo nada".

Fuentes cercanas al ex ministro, ex vicepresidente y ex secretario general afirman que Rajoy le confirmó que sería cabeza de cartel pero que debía dejarle algo más de tiempo para trabajarse la resistencia, ya entonces, de la mayoría del PP de Asturias.

En el PP de Asturias recuerdan, sobre la indefinición como escuela política de Rajoy, una conversación de la pasada primavera, cuando el asunto ya estaba candente. Los máximos dirigentes del PP asturiano acuden a Madrid, hablan con Rajoy y le transmiten que aceptan a Cascos. Y el presidente del PP responde: "¿Vosotros creéis, tenéis mucha prisa?".

El propio Cascos no debía tener tan claro el respaldo de Rajoy cuando decidió llamar al presidente del Comité Nacional de Derechos y Garantías aquel 17 de noviembre. En esa charla, además de la amenaza de darse de baja del PP, el ex vicepresidente del Gobierno se quejó de no haber recibido el menor amparo por parte de ese organismo disciplinario ante las descalificaciones de los dirigentes populares asturianos que se oponían a que fuera candidato a presidente de Asturias. Y dio a entender, claramente, que comprendía que ese comité se atiene a las indicaciones que le hace el máximo responsable del partido, es decir en este caso Mariano Rajoy. Desde luego así sucedía en su época.

Los ataques de determinados dirigentes locales del PP asturiano habían continuado, e incluso subido de tono, después de que Rajoy revelase que había establecido un diálogo directo con Álvarez-Cascos sobre su posible candidatura.

La continuación de las descalificaciones por parte de dirigentes del PP asturiano, y la ausencia de cualquier intervención de la cúpula nacional del partido para cortar los ataques, fueron llevando a Álvarez-Cascos a la conclusión de que, en realidad, Rajoy no deseaba que su candidatura prosperase, según fuentes próximas al ex secretario general.

A la vista de que la conversación con el presidente del Comité de Derechos y Garantías, en la que le había anunciado su disposición a abandonar el partido, no había dado ningún resultado, Álvarez-Cascos escribió su carta de renuncia a la militancia a principios de diciembre. Y la entregó en mano, a las 11.00 del 1 de enero, en la sede nacional del partido, apenas un día después de que el Comité Electoral Nacional refrendase que la candidata del partido en Asturias sería finalmente Isabel Pérez-Espinosa, concejal en Oviedo y mano derecha de su actual gran rival político en el Principado, Gabino de Lorenzo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de enero de 2011