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"Es un disparate que las obras se quedaran solas"

Todos los días transitan por las carreteras europeas camiones cargados con una mercancía muy especial: obras de arte. Algo habitual que realizan empresas como Crisóstomo Transportes, cuyo contenido, propiedad de varias galerías españolas, se volatilizó el pasado sábado en una nave de Getafe. "Normalmente se hacen transportes compartidos", explica Edurne Fernández, de la galería Nieves Fernández, a quienes fue sustraída la pieza de Eduardo Chillida Topos IV, una escultura de acero corten de más de 800 kilogramos de peso, valorada en un millón de euros. Habían prestado la pieza al galerista alemán Stefan Röpke para que la exhibiera, junto con otras obras del artista vasco, en su espacio de Colonia. "No era una pieza para la venta porque pertenece a la colección familiar", precisa Fernández. También habían viajado a Colonia la terracota Óxido, valorada en 200.000 euros y un papel alquitranado (60.000 euros), ambos de Chillida, de la galería Juan Gris. La entidad que pide los préstamos se ocupa de contratar un seguro nail to nail (clavo a clavo), que cubre el riesgo desde que una obra sale del establecimiento prestamista hasta que regresa. "Puede haber habido negligencia por parte del transportista. Es un disparate que las obras se quedaran un fin de semana solas en el camión en Getafe", se queja David Fernández-Braso, director de Juan Gris. El vehículo también transportaba, además de obras de las galerías barcelonesas Senda y Oriol, tres dibujos y dos óleos recién salidos del estudio parisiense de Fernando Botero. Viajaban al establecimiento de Fernando Pradilla e iban a ser expuestas en una feria que se celebra en Singapur en enero. "Es importante que se difundan las obras para dificultar su circulación", señala Marielo Góngora, responsable de esta galería.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de diciembre de 2010