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LA ZANCADILLA | EL GRAN CLÁSICO | Festival azulgrana, batacazo madridista

La referencia

Cualquiera que gusta de mirar las estrellas conoce el secreto. Al principio todo es un desorden de luces expandidas por la bóveda celeste. Pero si eres capaz de encontrar una referencia, entonces das con una disposición hasta ese momento oculta. Finalmente ahí está, trazado ese dibujo imaginario reconoces la constelación, te familiarizas con ella e incluso en las noches solitarias, mirarla, ubicarla, reconocerla, es la mejor compañía. Pero nada sería posible si no logras establecer la referencia, la primera luz que tiene sentido, que ordena a todas las demás.

El fútbol y la astronomía tienen poco en común, salvo que en ambos casos, las estrellas parecen protagonistas exclusivos. Pero para establecer un dibujo lógico la referencia es imprescindible. Y ahí es donde Xavi Hernández resulta ser un futbolista prodigioso. Porque ordena la lógica de un sistema desde su colocación referencial. No me digan por qué, pero cuando miro al mejor Barcelona o a la mejor selección española de nuestra historia, cuando logro evadirme del rodar de la pelota, siempre busco a Xavi. Porque desde él comprendemos la constelación completa.

Xavi se ofrece como un faro, hace del ataque una alegría. Pocas veces un jugador representará tanto un estilo

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No creo que tenga sentido entregarle a otro futbolista este año el Balón de Oro. Los premios son caprichosos, pero tarde o temprano se dan de bruces contra el sentido común. Puede que suceda este curso, si no, quizá habrá que esperar a que Xavi se retire para darnos cuenta de lo que ha significado. Existen pocos ejemplos de alguien que haya ejercido un orden tan exacto en el juego, que haya potenciado en tal medida las cualidades de sus compañeros, que haga una lectura de los ritmos y cadencias de un partido. Cuando él no está sobre el campo, y en las últimas semanas los dolores del talón de Aquiles le han apartado del juego, hay algo espeso, indescifrable en la bajada de rendimiento de los equipos que lidera.

Xavi se ofrece como un faro. Igual que él, se permite rotar en redondo, ofreciéndose a los compañeros para la entrega, la pared, el desahogo de la presión. Tiene algo en su manera de utilizar la pierna derecha que recuerda a los jugadores de cesta-punta. Como ellos en el frontón, Xavi recoge la pelota, la guarda un instante, la retrae con la pierna y la lanza al lugar exacto. Convierte las opciones de ataque en una fiesta alegre, que al fin y al cabo es lo que significa en euskera jaialai.

Se sabe que Xavi es razonable, divertido, burlón, respetuoso y de una asombrosa discreción fuera del campo. No se le conoce desplante ni salida de tono. En el campo mantiene ese perfil bajo, que a tantas estrellas de escaparate puede irritar, pero que basa su eficacia en el trabajo bien hecho, no en las labores de propaganda ni peluquería llamativa. Xavi mezcla una novedosa categoría de clase obrera con estilo. De medio campo hacia arriba, la posición que ganó cuando sus equipos encontraron a jugadores que guardaran su espalda con equilibrio y buena colocación, sabe utilizar los cambios de orientación, las aperturas y el pase en profundidad como muy pocos jugadores son capaces.

Pocas veces un jugador representará tanto un estilo de juego. Cuando Xavi deje el fútbol, el error será tratar de buscarle un sustituto. Será más sencillo variar el esquema, compensarlo en otra dirección, porque él se ha erigido en la referencia absoluta desde la cual entender el dibujo. Preside, al primer vistazo, la constelación que organiza. Sostiene el invento sin aspavientos, apenas ligeramente el pelo negro en punta hacia arriba, evitando el contacto frontal con el rival, encontrando la salida ladeada, la combinación ligera, la rotación. A veces el fútbol parece tan sencillo jugado por él que puede que algún jurado experto no repare en su valor, pero los que miramos como simples aficionados, vaya si notamos la presencia. Pasa en el mundo del arte, se asoma un amante sin pretensiones y ve algo que los demás tenían oculto bajo teorías y palabrería. Tampoco ningún premio alcanzará a rozar la gloria que él ha dado a su equipo de toda la vida y a la selección española, barriendo como un radar todas las posibilidades ofensivas hasta encontrar la opción precisa. No lo duden, en la noche oscura del juego, busquen a Xavi, la referencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de diciembre de 2010