EA escenifica su discurso

La salida de la Diputación alavesa da paso a la búsqueda del electorado 'abertzale' de cara a los comicios de mayo

La apuesta es firme. La salida de la Diputación alavesa ha supuesto para EA el paso de las palabras a los hechos. La expulsión el viernes de sus dos representantes por parte del PNV, forzada con la presentación de enmiendas al proyecto de norma de medidas tributarias, se ha convertido en la traducción de su discurso cada vez más alejado del partido jeltzale. Un gesto contundente, casi tanto como costoso en términos de representatividad, con el que la formación que dirige Pello Urizar pretende apuntalar el giro constatado tras el acercamiento a la izquierda abertzale, en busca de su propio espacio electoral ante los cada vez más cercanos comicios locales y forales de mayo de 2011.

La formación de Urizar constata con hechos su alejamiento del PNV
La atomización nacionalista obliga a diferenciar los planteamientos
El electorado de Batasuna y parte del peneuvista, objetivo potencial
La apuesta no tiene marcha atrás, al menos hasta las elecciones de mayo

La polémica suscitada en Álava se presenta como la excusa a la que ha recurrido la formación socialdemócrata para dar poso a su apuesta dialéctica. La presencia de la ilegalizada Batasuna en las próximas elecciones sigue siendo una incógnita, aunque se presume cada vez más complicada si no hay un desmarque expreso de ETA y, si finalmente no concurre, la ejecutiva de EA aspira a ganar apoyos entre su electorado. El acercamiento al soberanismo es la estrategia a la que ha recurrido para poner fin a la sangría de votos que ha sufrido en los últimos comicios y con la que ha visto reducida casi hasta la última expresión su representación en las instituciones vascas.

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El propio diputado general de Álava, el peneuvista Xabier Agirre -que toma parte hoy en el pleno de Santa Catalina-, achacó el viernes la salida del Gabinete foral de los representantes de EA a la decisión de una Ejecutiva a la que, según consideró, "le incomoda compartir Gobierno con el PNV tras su alianza con la izquierda abertzale". Desde la formación de Pello Urizar hicieron una lectura distinta, aunque coincidente en cierto sentido, al culpar a los nacionalistas de un acercamiento al PSE en detrimento de la unidad soberanista. Manifestaciones que confirman el creciente alejamiento de ambos discursos y que ponen cerrojos a un posible entendimiento mutuo tras las elecciones de 2011, improbable a día de hoy. El escenario político vasco en poco se parece al de 2007.

El rumbo ideológico de EA le ha llevado a marcharse de un Gobierno en busca de credibilidad. El paso es tan firme como arriesgado, aunque las encuestas de opinión parecen avalar la apuesta. El último sondeo encargado por la Diputación de Guipúzcoa deja a EA con tres escaños en las Juntas Generales del territorio. Son cuatro menos de los que obtuvo en 2007, pero tres más de los que lograría su escisión, Hamaikabat, que se quedaría sin representación en lo que se interpreta como un castigo a su acercamiento a los postulados del PNV. Tampoco entre el electorado jeltzale más soberanista y desencantado con su partido renuncia la formación de Urizar a ganar votos. Razón de más para justificar su salida del Gobierno foral alavés.

La atomización del espectro nacionalista, y más concretamente del que se define como abertzale, obliga a marcar diferencias para aparecer con rasgos propios y fácilmente identificables entre el electorado. Un objetivo nada fácil de conseguir en medio de un escenario en el que junto a EA, compiten PNV, Hamaikabat, Aralar, Alternatiba, la propia izquierda abertzale e incluso EB, en función de las circunstancias.

El camino de la distinción fue por el que abogó la formación de Urizar en junio, cuando abanderó en Bilbao la constitución del denominado polo soberanista junto a la ilegalizada Batasuna. Una apuesta política por la constitución de un Estado vasco, a través de vías pacíficas y democráticas, a la que después se han adherido otros partidos, aunque con un discurso más moderado.

El propio acercamiento a los postulados de la izquierda abertzale marcó de inicio distancias con el PNV, que más en línea con PSE y PP en esta materia, exige a la formación ilegalizada una condena firme de la violencia para que pueda tomar parte en el entramado institucional. El juego de EA, en consecuencia, ha pivotado desde entonces entre Batasuna y Aralar en busca de un papel hegemónico entre un soberanismo del que han marginado conjuntamente a los jeltzales. Aunque sin sobrepasar las denominadas líneas rojas a las que algunos partidos se han referido para fijar el límite de la legalidad, la formación de Pello Urizar se ha destacado por un discurso más agresivo que el que ha defendido la de Patxi Zabaleta. Una decisión arriesgada cuyo éxito electoral puede estar vinculado a la presencia de la izquierda abertzale en las urnas.

Más que un arrebato temporal o una decisión aislada, la apuesta que el viernes escenificó EA en Álava es trasladable al conjunto de Euskadi y no tiene marcha atrás. Al menos, hasta las elecciones de mayo. De ahí en adelante, los resultados decidirán y dejarán a cada partido en su lugar. En algunos casos, no será por el que han peleado.

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