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COLUMNA

Feudalismo

Pregúntame Sociales... Mientras los matones del FMI desembarcaban en la verde y dulce Irlanda con una arrogancia que hasta ahora habían reservado para países de otras latitudes, mi hija pequeña preparaba un examen sobre el feudalismo. Le pregunté por las relaciones de vasallaje, su carácter, sus consecuencias, las repercusiones de la sociedad estamental sobre la economía y el comercio, y se lo sabía todo.

Los reyes -encarnación del Estado- conservaron su corona al precio de perder poder, de entregar riquezas y propiedades a los nobles, que, siendo sus vasallos, tenían al mismo tiempo el poder de arruinarles, retirándoles su apoyo para servir a otro monarca. El Estado irlandés no quiere perder soberanía, decían los expertos económicos, pero no tiene más remedio que aceptar la ayuda del Banco Central Europeo. El vasallaje era un sistema de relaciones de interdependencia mutua, basado en los compromisos personales. En Bruselas, los líderes europeos han hablado de compromisos personales y de interdependencia mutua, para imponer a los irlandeses un rescate que no quieren, pero no lo han hecho por su propia voluntad. Los mercados financieros, que son sus vasallos pero pueden arruinarles en cualquier momento, les obligan a vender las excelencias de un plan que aplauden para otros, en la esperanza de no tener que tragárselo ellos mismos. De lo contrario, sus vasallos les abandonarían para irse a servir a otro señor, las potencias emergentes, por ejemplo, que consiguen crecimientos espectaculares gracias a que tratan a sus ciudadanos como los señores feudales trataban a sus siervos.

No hace tanto, aparecían todos los días libros que pretendían explicarnos qué era la globalización económica. Yo solo he conseguido entenderlo en un libro de texto de 2º de la ESO. Al final, va a resultar que el Mediterráneo estaba inventado ya.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 22 de noviembre de 2010