Reportaje:diseño

Contra viento y madera

Una hornada de productos busca nuevas soluciones a viejos problemas

¿Cómo conseguir no mojarse bajo un paraguas? ¿Cómo volcar las verduras de la tabla de cortar sin que se caigan por el camino? Algunos de los últimos productos llegan para solucionar problemas antiguos. Alejados de la renovación continua heredada de la moda, que ha llenado comercios de objetos caprichosos con más contenido emocional que funcional, una nueva hornada de productos ha encontrado su razón de ser en cuestiones que permanecían sin solución.

Las tradicionales tiendas de paraguas londinenses no exhiben solo tamaños, empuñaduras y estampados. En esos comercios especializados uno debe entrar preparado para contestar al dependiente sobre la velocidad del viento que deberá soportar su paraguas o por el volumen medio de las precipitaciones en su ciudad. Un estudio similar realizaron los fundadores de la empresa holandesa Senz. La firma nació cuando tres compañeros de la Universidad Tecnológica de Delft, Gerwin Hoogendoorn, Gerard Kool y Philip Hess, se hicieron preguntas como: ¿Por qué aparecen tantos paraguas abandonados por la calle después de una tormenta?

La idea era lograr un paraguas resistente, que no se diese la vuelta cuando la dirección del viento variase y capaz de resistir vendavales. En 2006, los tres amigos viajaron a China, donde se produce el 95% de los paraguas del mundo. Allí aprendieron a hacerlos. Y averiguaron también dónde fallaba la mayoría: en la ubicación del mástil y en las varillas. Para probar su producto, lo testaron montando en motocicletas y aumentando la velocidad de los trayectos. Finalmente, lanzaron un paraguas en el que el secreto está en las varillas flexibles, un invento patentado por ellos que concentra la resistencia al viento. La forma aerodinámica permite cambiar la orientación según la procedencia del viento gracias a su mástil descentrado. Finalmente, la cubierta, de un tejido impermeable, es capaz también de resistir el desgaste de los rayos sol.

Inexpertos, los tres socios de Senz encargaron 10.000 paraguas que tardaron nueve días en vender. Pero ha sido el recibimiento de los príncipes herederos de Holanda en el pabellón de Shanghái con paraguas Senz de color naranja lo que ha disparado sus ventas.

Otra buena idea ocupa este año el nuevo catálogo de Alessi. ¿Cómo trocear verduras sobre la tradicional tabla de madera, más higiénica que los sucesivos inventos de plástico, sin tener que levantarla cuando es pesada ni perder lo cortado al volcarlo sobre una sartén? Ha sido un discípulo aventajado de Philippe Starck, Patick Jouin, quien ha dado con la solución. Ha ideado Chop, una tabla de cortar de madera de bambú con canto cóncavo y tamaño extra grande para facilitar el traslado de lo que se ha cortado.

Si hace tres temporadas triunfaba el diseño de lo impensable vendido en galerías de arte, hoy es la solución a los viejos problemas lo que encuentra lugar de preferencia en una temporada en la que mandará el diseño útil.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 19 de octubre de 2010.