Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:RUTAS URBANAS

Little Italy castizo

Desde un capuchino perfecto hasta unas sales de lavanda, lugares en Madrid donde sentirse italiano

Nos ha ocurrido más de una vez: regresamos de unas vacaciones en Italia y nuestras ciudades natales nos parecen algo pálidas y, desde luego, menos exuberantes que las de la península en forma de bota. Asumimos que es imposible reproducir aquí la cantidad de belleza por metro cuadrado que hemos experimentado en nuestra visita a Italia, pero ¿y si al menos pudiésemos llevarnos a la boca algo de su tan característica gastronomía, o adquirir algún objeto que haga de metonimia de lo vivido durante nuestra estancia italiana? Por suerte, Madrid cada vez posee más direcciones donde reencontrarse con Italia en la distancia.

A cocinar 'risotto'

Quizá nos sorprenda que en los aledaños de la calle de Ríos Rosas sirvan los capuchinos más cremosos de Madrid, sin rastro de canela o de esa espuma batida a punto de nieve presente en la reinterpretación hispana de esta especialidad cafetera. Enseguida nos damos cuenta del porqué: a dos pasos de ahí se hallan tanto el consulado de Italia (Agustín de Betancourt, 3) como la sede del colegio italiano (Agustín de Betancourt, 1), un edificio blanco, de fachada clasicista, cuyo jardín sirvió para que Leopoldo María Panero y su familia rememorasen viejos tiempos en el documental El desencanto, de Jaime Chávarri.

Parece claro entonces que si vamos en busca de productos italianos, hay que pasear por estas calles hasta decir por fin adiós a las espirales de pasta tricolor y a los clásicos macarrones con tomate y chorizo, tan de madre española, pues mil variantes de pasta y salsas recién hechas para acompañarlas nos esperan en la Accademia del Gusto, primera escuela de cocina italiana de la ciudad. Pero no solo de pasta vive Italia, sino también de arroz carnaroli (el idóneo para un buen risotto) o de queso squacquerone, un hito lácteo valorado por su extrema frescura. Además, las catas de vino informales de los jueves por la tarde en la Accademia (copas entre 3 y 10 euros con aperitivo incluido) consiguen que denominaciones de origen como Chianti o Sangue di Giuda nos resulten familiares.

Y para una verdadera sucursal de Italia en Madrid, el Non Solo Caffè, cuyo paisaje sonoro de emisoras de radio italianas nos pone en situación al instante. Una posibilidad es pedir un buen café y sentarse a leer algún libro escrito en la lengua de Petrarca y Leopardi adquirido en la cercana Librería Italiana de Modesto Lafuente, 47. Otra es cerrar momentáneamente el libro y entregarse, los martes y miércoles, al noble arte milanés del aperitivo vespertino. Por 12 euros obtenemos dos consumiciones y una degustación de ambrosías como pizzetas, gnocco fritto, arancini de arroz o fritatta con espinacas que nos harán salivar ampliamente. Por supuesto, el afamado Spritz, cóctel nacido en el Veneto y rápidamente expandido por todo el país, tiene aquí su embajada en España; la mezcla dulce y amarga de prosecco -el cava italiano- y Aperol, o alguna otra bebida pariente del vermut, es el ritual obligado al ponerse el sol, en fuerte competencia con negronis y mojitos.

El balcón de Boccherini

Durante el siglo XVIII, la corte española fichaba a sus músicos en Italia. Los más apegados a Madrid fueron Domenico Scarlatti y Luigi Boccherini. Del segundo hoy silbamos distraídamente su minuetto procedente del quinteto en mi mayor y empleado recurrentemente para anuncios de miel de flores. Si Boccherini levantase la cabeza, vería la placa romboide que hoy figura en su antiguo domicilio de la calle de Jesús y María, 5, una casa que hoy luce balcones de tono azulón. Justo desde el antiguo hogar del músico de Lucca nos encontramos a un tiro de piedra de la Cava Baja, ese santuario del pincho y la tapa que también posee un espacio para la comida italiana en el restaurante Emma y Julia. Allí se sirven dos platos bastante inusuales en los menús de los restaurantes italianos de Madrid: flores de calabacín rellenas de mozzarella (las fiori di zucca verdinaranjas) y espaguetis con botarga (huevas saladas de pescado), especialidad de Cerdeña. Y, como no podía ser menos, ricas pizzas de masa fina horneadas a la leña cuyos ingredientes -rúcula y bresaola, por ejemplo- nos hacen olvidar aquellas mezclas ibéricas de chorizo de Pamplona y piña que forman parte de nuestro patrimonio nacional pizzero.

Sabemos que la cocina es la primera puerta para acceder a otras culturas, pero ahora toca abrir la cerradura de la segunda: el idioma. Si tras dejar la Cava Baja decidimos pasear por la calle Mayor, a la altura del 86 nos toparemos con el Istituto Italiano di Cultura, ubicado en el palacio de Abrantes y construido por Juan Maza en el siglo XVII. Allí, además de aprender a alargar vocales y construir plurales acabados en "i", el público general puede asistir a exposiciones y eventos relacionados con la cultura de la cuna del Imperio Romano y, de nuevo, disfrutar de cafés a cualquier hora y de platos de pasta a mediodía, supervisados y aprobados por la comunidad italiana de Madrid, que a menudo hace de la acogedora cafetería o Caffè Letterario del Istituto su lugar de reunión.

Otro barrio madrileño rico en enclaves italianos se halla entre Colón y Alonso Martínez. En la zona destaca la presencia de las dos principales representantes gastro-nómicas de Sicilia en la capital: La Taverna Siciliana y su benjamina La Tavernetta, ambas en la calle de Orellana. En la hermana pequeña de las dos, la tradición nos obliga a probar los ravioli alla finanziera, rellenos de higadillos y cubiertos por una suculenta salsa de chalota, o bien a merendar un sabroso e hipercalórico tiramisú.

Y por último, dejemos descansar al paladar y pongamos en acción el olfato. A dos pasos del Café Gijón, en la calle del Almirante, 26, se encuentra la sucursal madrileña de la Officina Profumo-Farmaceutica di Santa Maria Novella, un lugar de paso obligado cuando se visita Florencia. En su microsede de Almirante también disponemos de todo su catálogo de productos, fabricados antiguamente por frailes dominicos: sales de lavanda para prevenir desmayos, jabones de clavel o de granada y popurrís florales para perfumar los armarios y lograr así que nuestras habitaciones se parezcan un poco más, al menos olfativamente, a los de un palazzo florentino.

» Mercedes Cebrián es autora de La nueva taxidermia, novela de próxima publicación en Mondadori.

Guía

Las direcciones

» Accademia del Gusto (www.accademiadelgusto.es; 915 35 37 28). Cristóbal Bordiú, 55.

» Non Solo Caffè (www.nonsolocaffe.es ). Ríos Rosas, 52.

» Librería Italiana (www.libreriaitaliana.es). Modesto Lafuente, 47.

» Istituto Italiano (www.iicmadrid.esteri.it; 915 47 86 03). Mayor, 86.

» Pizzería Emma y Julia (913 66 10 23). Cava Baja, 19. 25 euros. Cierra lunes.

» La Taverna Siciliana (www.latavernasiciliana.com). Orellana, 1. 35 euros. Cierra domingos.

» La Tavernetta Siciliana (http://latavernetta.latavernasiciliana.com). Orellana, 17. 25 euros. De 9.30 a 23.30. Cierra domingos noche.

» Santa Maria Novella Madrid (915 21 82 44). Almirante, 26.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de octubre de 2010

Más información