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Canon y 'copyleft'

Internet y la tecnología digital han cambiado el consumo de bienes culturales.

La tecnología analógica permitió al consumidor copiar la creación sin permiso del autor, por lo cual el legislador impuso cánones sobre los aparatos y soportes de almacenamiento que la hacían (impresoras o casetes). Un canon que se ha adaptado a soportes digitales. Se trata de compensar al autor por la copia privada, pero la ley es polémica porque en su aplicación indiscriminada penaliza a quien usa estas herramientas para otros usos. El Tribunal Europeo tiene pendiente una sentencia sobre España por una demanda en este asunto.

La libre copia y distribución de contenidos ha seducido y/o sublevado a multitud de creadores, generando un conflicto que ha explotado en toda su magnitud con el fenómeno de las descargas por Internet. Mientras unos claman por la pérdida de sus ingresos, los otros han tomado el poder que la tecnología les da para disfrutar de ese bien.

La solución no es fácil, pero implica necesariamente la reforma de las leyes sobre propiedad intelectual para que se garanticen los derechos de unos sin criminalizar al ciudadano.

La revolución tecnológica ha dado a luz otras formas de promover el acceso a la cultura, y también nuevos sistemas de licencia de contenidos. Es el caso del copyleft, en contraposición al copyright, más restrictivo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 30 de septiembre de 2010