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Reportaje:

La crisis sigue en la Rioja alavesa

Los viticultores protestan ante la pretensión de las grandes bodegas de pagar el kilo de uva a 35 céntimos

La economía vasca comienza a salir de la crisis. ¿Todos lo sectores? No. En el pequeño, aunque significativo, ámbito de la viticultura de la Rioja Alavesa las espadas están en alto. Ayer, la mayor parte de sus agricultores acudieron a manifestarse a Logroño, frente al consejo regulador de la denominación de origen; y hoy, día de la Vendimia, la jornada festiva por excelencia de la comarca, volverán a escucharse las reivindicaciones contra la bajada prevista por las grandes bodegas en el precio de la uva, que anuncian una media de 35 céntimos por kilo frente al mínimo que piden los agricultores, 60 céntimos, el coste de producción, muy lejos del euro que se venía pagando hace dos años.

Porque fue la vendimia pasada la que abrió la alarma en una zona que se consideraba privilegiada, conocida como la milla de oro de la viticultura en España. Acostumbrados desde hace más de quince años a un trato de respeto por parte de las bodegas, los viticultores de la Rioja alavesa se habían olvidado de las relaciones serviles que habían caracterizado la mayor parte del siglo XX. Y la crisis ha servido para que el sector recupere la memoria.

Los agricultores venden la uva a las grandes bodegas sin saber lo que van a cobrar por ella. Es más, si la vendimia se lleva a cabo en octubre, no cobran hasta la primavera siguiente, los más afortunados, aunque se suele pactar un precio orientativo. El año pasado no hubo ese compromiso verbal previo y el pago, en marzo, de una media de 45 céntimos por kilo, activó las alarmas.

Los representantes de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Álava (UAGA) en la Rioja Alavesa estiman que esta bajada de los precios ha dejado en una "situación muy crítica" al 20% de los productores. Es más, la compra de Bodegas Domecq en Elciego por Marqués de Riscal y Bodegas Muriel ha supuesto que decenas de viticultores se queden sin comprador, ya que Muriel, que ha adquirido la bodega (Riscal se ha quedado con los viñedos) no compra uva, sino vino elaborado.

"Debemos trabajar para que las bodegas compradoras compartan esta crisis, que es de todos, y no se enriquezcan a nuestra costa", asegura Eduardo Jalón, de la UAGA. Aunque otro representante del sindicato se mostró más expresivo hace unos días en una rueda de prensa en Vitoria: "Si no jugamos todos, se jode la baraja", dijo.

Al desánimo generalizado, como bien reflejó la protesta de ayer en Logroño, se suma la indignación ante las ventas de las bodegas. "No es proporcional la caída del negocio del vino con la bajada en el precio de la uva", comentaba ayer un pequeño viticultor de Navaridas, que había participado en la protesta de la capital riojana.

Aducía, además, el recorte que ha impuesto el consejo regulador en la producción por hectárea, de 6.500 a 5.850 kilos de uva que merezca el reconocimiento de la denominación de origen. El resto del fruto sólo se podrá utilizar para vino de mesa. De momento, la cosecha de este año viene por buen camino y hoy, en la fiesta de la Vendimia, a celebrar en Laguardia, se anunciará que 2010, si la meteorología se comporta, va a ser una añada excelente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de septiembre de 2010