Reportaje:La Noche en Blanco

Un enorme campo de juego

Los urbanitas perdieron las formas entre el frenesí de la gran batalla de bolas en la plaza del Dos de Mayo

Definitivamente, la de ayer, fue una noche de pelotas. Literalmente hablando. Y si no que se lo pregunten a los miles de madrileños que se liaron a bolazos (con cientos y cientos de balones de playa) en la plaza del Dos de Mayo. No había tregua. No había piedad, y no había forma de librarse de una buena ración de plástico volador contra las narices. Desde las nueve de la noche hasta altas horas de la madrugada los urbanitas perdieron las formas para liarse a cañonazos de goma que surcaban el horizonte de cabezas de la céntrica plaza, en todas las direcciones. Pura descarga de adrenalina en masa. Era la velada más lúdica en la capital, la Noche en Blanco, y todo valía para los cientos de miles de noctámbulos que decidieron disfrutarla.

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"Se está armando una aquí... Es divertidísimo, todo el mundo se ha vuelto loco. Ven para acá ahora mismo", sugería una joven por teléfono antes de llevarse un pelotazo a traición en el cogote. "¡Uy! Se va a enterar ese. Corre, ven, que no te vas a creer esto", decía la víctima antes de colgar. Pero la guerra de balones que el colectivo NoseArq organizó no era, ni muchísimo menos, la única actividad lúdica en la que pudieron participar los madrileños por la capital.

Gincanas instructivas, exposiciones gratuitas, tiendas abiertas, música, pinchadiscos y hasta una farola clásica del revés colgaba del cielo frente a la Plaza de Callao. En Gran Vía unos columpios tamaño Goliat mecían a los que soportaban las colas de cientos de participantes que se formaron delante de muchas de las propuestas. Además, había toboganes de altura e inclinación inverosímiles a disposición de la turba que abarrotó la centenaria calle, (peatonal por un día). Una pena que las rampas que había diseñado el colectivo Zuloark no pudiesen ser utilizadas nada más que unos minutos. Una de las primeras valientes sufrió una torcedura de tobillo al caer que obligó a cerrar la instalación tras tener que ser atendida la accidentada por los equipos sanitarios del Ayuntamiento. "No sabemos qué ha pasado. Cumplíamos todas las norma de seguridad", aseguraba una miembro del grupo. "Ahora hemos utilizado las colchonetas donde desembocaban los toboganes para que los niños salten, y se lo están pasando en grande", añadía

Los que preferían juegos menos arriesgados, acudieron a iniciativas como la gincana que se organizó por la exposición de la fotógrafa Helen Levitt en el museo Muico. Allí las respuestas correctas a las preguntas que planteaba un panfleto valían una foto disfrazado y una manzana tatuada al sol. Los Pérez, una familia que no dudó en dejar a sus críos trasnochar junto a ellos, las acertaron todas.

La cámara frigorífica de Matadero alojaba exposiciones y performances de artistas contemporáneos como Patricia Esquivias, Javier Fresneda y Lilli Hartmann para los más vanguardistas. Y hasta había un hueco para sincerarse con los muros de la ciudad en la plaza de Tirso de Molina. El colectivo Arte-Sano daba a pie a un desenfreno Amarillo invitando a los participantes a escribir en un post-it la respuesta a una pregunta: "¿A qué juegas en tu vida?". Una nota con la que luego podían decorar el rincón de la plaza que más les apeteciese. "Yo he puesto: A intentar ser feliz, disfrutar de lo que tengo y que las cosas salgan bien", confesaba Leticia Mañas tras escribir su texto. ¿Y su marido? "A la petanca", se resignaba. En la Noche en Blanco, cada uno se lo tomaba a su gusto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 12 de septiembre de 2010.

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