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Detenida la madre de dos recién nacidos hallados muertos en un piso de Nou Barris

Los Mossos d'Esquadra investigan si los gemelos nacieron muertos

En la calle de Santa Engràcia, en el distrito de Nou Barris, nadie sospechaba que Francisca M. R., de 22 años, estaba embarazada. Hasta ayer. La tranquilidad del barrio, más acentuada estos días por el calor, se vio sacudida por la noticia de que dos recién nacidos habían sido encontrados el lunes muertos en el interior de bolsas de plástico en la vivienda que la mujer compartía con su madre, su abuela y su hermano, de 12 años de edad.

Según contaron dos vecinos, que prefirieron mantenerse en el anonimato, fue la abuela la que en la tarde del lunes se topó con los cuerpos cuando, tras llamar repetidamente al timbre, logró que Francisca M. R. le abriera la puerta. La madre estaba sola y ensangrentada, y se desmayó instantes después. La abuela salió corriendo a pedir ayuda a los residentes del inmueble, que alertaron a los servicios de emergencias médicas.

Los vecinos consultados no ocultaron ayer su sorpresa por el embarazo de la chica. "No se le notaba. No tenía barriga ni nada. Eso sí, era muy grande y robusta", contó una de ellas, aventurando que el sobrepeso era lo único que podía explicar el hecho de qué nadie se hubiera dado cuenta de su estado.

Según estos mismos testimonios, Francisca M. R. ni siquiera había informado a sus familiares de que estaba embarazada.

Los Mossos d'Esquadra investigan el caso mientras que la madre permanece ingresada en el hospital de Vall d'Hebron, detenida y bajo custodia policial.Los investigadores tratan ahora de aclarar por qué la chica dio a luz sola en casa sin avisar a los servicios de emergencias. Lo más importante, por las responsabilidades penales que podrían derivarse del caso, es averiguar si los bebés nacieron vivos o muertos. Por ello, los cuerpos de los pequeños serán sometidos, previsiblemente hoy, a una autopsia.

Los vecinos aseguran que Francisca era una chica corriente, algo introvertida. Sus padres están separados. Ella llevaba algún tiempo buscando trabajo y siempre se la veía acompañando a su hermano menor al colegio o arrastrando el carrito de la compra por las calles.

El inmueble en el que vive toda la familia es un edificio de obra vista de cinco alturas cuyos residentes se asomaban ayer a las ventanas para seguir el trasiego que el suceso originó en la calle. Los teléfonos móviles de los vecinos también sonaban con frecuencia en los rellanos, casi siempre para intercambiar los últimos datos conocidos sobre lo ocurrido.

La puerta de la casa donde vive Francisca la abre su abuela, menuda y de pelo blanco. Solo se atreve a cometnar que su nieta "se encontraba bien" de salud.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de agosto de 2010