Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
COLUMNA

La noria de las vanidades

Tomás Gómez tiene los glúteos definidos y los abdominales en perfecto estado de revista, además de una depilación perfecta. La reportera de Sálvame, programa de variedades y nimiedades de Tele 5, proporcionó estos datos imprescindibles a la audiencia en la sobremesa de una bochornosa tarde de agosto como posdata a una entrevista leve a pie de calle. La revelación produjo una cascada de comentarios picantes y risillas conejiles por parte de los contertulios de un espacio diario en el que reina Belén Esteban, la princesa del pueblo.

En los cuarteles de verano de Trinidad Jiménez, esta irrupción vigoréxica de su rival debió producir escalofríos: ¿estarán los glúteos de la candidata ministra a la altura de las circunstancias? Por muy ergonómicos que sean los asientos de sus despachos, la vida sedentaria de los políticos causa estragos allí donde la espalda pierde su honesto nombre para llamarse culo. Los culos se desfondan y se almohadillan y hasta los más respingones y pizpiretos sufren los efectos de la ley de la gravedad. Los culos fofos amortiguan desde luego los efectos traumáticos de esas patadas que cualquier político debe afrontar a lo largo de su carrera, pero desmerecen la imagen de sus portadores. Por muy bien que tengas amueblada la cabeza si tus glúteos no se definen convenientemente, tus abdominales se difuminan en un mar de grasa y tu depilación deja mucho que desear, tus oportunidades de triunfar en la política disminuirán considerablemente.

En política lo importante es que hablen de ti aunque no se digan más que tonterías

Mens sana in corpore sano debería ser el lema de campaña de la ministra de Sanidad. Vivimos estos días un renacimiento de las artes y de la cultura, de las artes marciales y de la cultura física: el continente prima sobre el contenido, la forma es el fondo, la ética es la cosmética y esta filosofía se impone sobre todo en la televisión y contribuye a ganar elecciones. Ahí tienen a Berlusconi con sus implantes capilares y su maquillaje de payaso, a Sarkozy con alzas en los zapatos para pasear a Carla Bruni por las pasarelas políticas y a José María Aznar haciendo la danza del vientre.

Una buena imagen vale más que mil buenos conceptos, por eso Correa regalaba trajes a la medida y Camps se ocupaba personalmente de los retoques para no mostrarse jamás en público con los glúteos caídos. En busca de una imprescindible repercusión mediática, que hasta ahora se le había negado, Tomás Gómez se subió hace unos días a la noria de las vanidades de Tele 5. La noria es un magacín nocturno que ha incluido a los políticos como teloneros de lujo sobre la pista del circo. "Quiero presentarles a un hombre valiente", así introdujo el polimorfo Jordi González al buen Tomás antes de soltarle a los leones. Para afrontar la faena, Tomás Gómez lucía patillas de torero que endurecían su rostro de buen chico y seguro servidor de los intereses públicos. Los dos entrevistadores seleccionados para el interrogatorio ejercían de poli bueno, el ponderado Enric Sopena y de poli mala, Isabel Durán, implacable Erinia (queda más fino que arpía y casi significa lo mismo).

En la encuesta del programa, los partidarios de Gómez se imponían a los de Trini antes de que Tomás hubiera abierto la boca, pero como el precandidato socialista repetiría varias veces a lo largo del encuentro, las encuestas son siempre coyunturales y no hay que fiarse mucho de ellas, sobre todo cuando son adversas.

Decía Jardiel Poncela que en una comedia hay que repetir las cosas tres veces: la primera para que se enteren los actores, la segunda para que se entere el público y la tercera para que se enteren los críticos. En televisión, si se quiere dejar claro un mensaje hay que repetirlo al menos media docena de veces. Tomás Gómez llevaba la lección bien aprendida y reiteraba hasta el hartazgo sus axiomas: la política no es una profesión, la política es un instrumento de cambio y lo más importante en la política es el compromiso ético. También definió su programa como un producto fresco basado en la creación de empleo, la sanidad, la educación y la dependencia, las cuatro patas quebradas del Gobierno de Aguirre.

Gómez capeó con largas cambiadas las preguntas sobre los apoyos y las zancadillas de Zapatero y su aparato federal, y salvó la cara. La emisión de unas antiguas declaraciones de Trinidad Jiménez en las que daba por finalizada su etapa madrileña y prometía no volver a presentarse nunca en su circunscripción contribuyeron a la victoria de Tomás unos días antes de que su definición muscular aumentara sensiblemente sus opciones.

En política, nunca significa por ahora no. En política lo importante es que hablen de ti aunque no se digan más que tonterías. Ahora solo queda que Trinidad Jiménez acuda a Sálvame y defina sus glúteos y su programa. Seguiremos informando.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de agosto de 2010