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El rescate del poeta olvidado

Prada de Conflent celebra el centenario de Màrius Torres

Prada de Conflent

El 22 de diciembre de 1935 cambió la vida de un médico de Lleida y nació uno de los poetas más significativos de la etapa contemporánea en Cataluña. Màrius Torres (Lleida, 1910-Puig d'Olena, 1942) ingresó aquel día en el sanatorio de Puig d'Olena, aquejado de una tuberculosis que lo encerró durante siete años y acabó con él en plena juventud. En 1935 Màrius Torres tuvo que abandonar la medicina -aunque su vocación nunca murió, pendiente de su propia enfermedad-, y abrazó la poesía. No vivió para ver sus versos publicados: su amigo, el poeta Joan Sales, los recopiló dos años después en el exilio.

A Màrius Torres, situado durante años en el cajón de las letras olvidadas, le rindieron un homenaje ayer en la Universitat Catalana d'Estiu (UCE), en Prada de Conflent (Francia), que forma parte de los actos del centenario de su nacimiento. El propio rector de la UCE, Jordi Sales, reconoció el merecido homenaje: "Cuando era joven leí secretamente a Màrius Torres. Ahora celebro poder participar en su homenaje". "Màrius Torres era un perfecto desconocido que había gestado su obra en soledad", se sumó la filóloga Mercè Boixareu, que recomendó a los lectores leer al poeta "en la misma soledad que él escribió". "Es una figura que se va conociendo poco a poco", añadió.

La tristeza de la guerra

"Su poesía y su vida van íntimamente ligadas". La frase es de la persona viva que más lo conoció: Víctor Torres, su hermano, que a sus 95 años conserva toda su lucidez. Torres evocó el golpe del ingreso al sanatorio y la soledad con la que vivió la lejanía de la familia. Un estado solo roto por la amistad con Joan Sales y con Mercè Figueras, su compañera en el sanatorio y a la que dedicó Cançó a Mahalta, cuyos versos ha musicado Lluís Llach.

La Guerra Civil, que estalló a los pocos meses de su ingreso, empeoró su situación, y convirtió su poesía en una reivindicación que le costó la persecución del franquismo en sus últimos meses de vida. Con Víctor en el frente y toda su familia en el exilio, sus últimos momentos de felicidad, recordados ayer por Torres, los vivió cuando su hermana Núria cruzó clandestinamente la frontera para pasar unos días a su lado: "Fueron 15 días de delicia", completó Víctor Torres. De su soledad y angustia en el sanatorio quedan sus poemas, que hoy se pueden leer en Poesies de Màrius Torres (Pagès), una edición completada de la primera publicación de sus versos que editó Joan Sales en 1947.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de agosto de 2010