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Reportaje:PAISAJES DE AGOSTO

Veraneo en agua a 40 grados

Nuevas instalaciones consolidan en Ourense el turismo de balneario, una mezcla de vacaciones y terapia

El interior de Galicia tiene un veraneo con olor a azufre en el ambiente y 40 grados de temperatura en el agua del chapuzón. Un veraneo entre verdes arboledas y el refrescante runrún del río que, en realidad, esconde un dragón en sus entrañas. Un veraneo hecho de los jirones del estoicismo de quienes combaten la infernal temperatura atmosférica sumergiéndose, al aire libre, en el hervor de un agua termal hiriente -sale a 55 grados centígrados, aunque se rebaja hasta los 40- colmada, eso sí, de mil propiedades curativas.

En Prexigueiro, en la parroquia de Francelos (a tres kilómetros de Ribadavia y en límite con la provincia de Pontevedra), han inaugurado hace apenas unas semanas un balneario como un nido de pájaros en medio del bosque. Y ya no dan abasto.

"Es bueno para la piel, la artritis y los huesos", dice un empleado

Tras el chapuzón, unos vinos por el Ribeiro colman un día de interior

Una construcción de líneas sencillas con cafetería abierta al monte planta al visitante en el rincón virgen del paraíso: árboles, río, charcas, cielo y pájaros elevan el espíritu. Una sensación de bienestar sólo mancillada por el hilo musical de una FM empeñada en vaciar sobre la serena belleza natural los prosaicos éxitos musicales del momento.

El olor a huevo podrido, la garantía del sulfuro en las aguas, recibe a los bañistas. Al menos una docena -la mayoría madrileños, catalanes, vigueses y de la misma comarca de O Ribeiro- toman el furioso sol ourensano en sus tumbonas.

Tras el baño solar, el termal. Varias pozas bautizadas con nombres japoneses permiten al bañista una mínima elección centígrada: entre los 36 y los 40 grados de calor. Para tonificar, y para evitar también el posible bajón de tensión, el veraneante puede alternar el remojón ardiente sumergiéndose tras él en una charca helada. Y, después, ponerse otra vez unos minutos despanzurrado al sol obtuso para retomar más tarde el ciclo agüista. Christian atiende sonriente y solícito la entrada al balneario termal, que estará abierto todo el año y que, además de las charcas exteriores, ofrece spa, jacuzzi y bañeras en cubierto con opción de masaje y de vinoterapia a base de mencía y treixadura.

Prexigueiro, como el resto de los balnearios que circundan las comarcas de O Carballiño y O Ribeiro -una ruta en espiral que continúa por la ciudad y la provincia- cura el alma y las afecciones del cuerpo. Christian enumera las propiedades de su centro: "Estas aguas son buenas para la piel, para los huesos y para la artritis, entre otras cosas". "Pasan por ser las mejores de Galicia y de España", explica el encargado.

Pero esta mañana de agosto acosador, los bañistas pagan cinco euros tanto por la entrada a las charcas exteriores como por media hora de bañera de hidromasaje antiestrés bajo techo. "No me pongas el agua demasiado caliente, la quiero templada", indica al recepcionista un cliente de edad que sólo busca el bienestar de la abstracción por el relax terapéutico. El agua de la surgencia no se rebaja con agua fría. Simplemente, se la remansa con la espera. Se le da tiempo para que escape el vapor que la caldea.

Para el termalismo ourensano, los meses de verano, como la Semana Santa, son temporada alta. Desde que abrió sus puertas el pasado 29 de julio, Prexigueiro recibe una media de 100 bañistas diarios. Un centenar de veraneantes que buscan alojamiento en las próximas Ribadavia o Carballiño, cuando no en Vigo o en los domicilios de sus propios familiares ourensanos. El turismo de hotel no es el fuerte de la provincia de Ourense.

La surgencia del río brota a 55 grados centígrados. Los vecinos de la comarca que no quieren pagar por tomar las aguas, se lanzan al refrescante cauce en busca de las sulfurosas bocanadas que esconde. Pozos de calor infernal refrescados por el agua helada de un río sombreado. En la terraza de la cafetería, en la antesala del paraíso, entre el olor a azufre y el chunda-chunda del altavoz, una pareja se toma unos refrescos con sus pequeños antes de acceder a ese tratamiento de frío extremo-calor abrasador que oferta el veraneo termal del interior.

"Es una maravilla; no es apto para embarazadas ni gente con problemas de corazón, pero es una sensación fuera de serie", comenta uno de los empleados, natural de la zona, que ha disfrutado durante de años de las cualidades de esta surgencia. Los de dentro resisten en las bañeras con olor a mencía, o en el jacuzzi, el tiempo de su bono mientras que los bañistas de las pozas inician el nuevo ciclo, una especie de viacrucis que depura alma y cuerpo al mismo tiempo.

Por la tarde, unos vinos por el Ribeiro colman el veraneo pacífico interior, alejado de arenas, toallas y oleaje.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de agosto de 2010