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Reportaje:

Examen de conciencia

La prensa alemana debate el influjo que la permisividad intelectual de la revolución sexual de los setenta ha podido tener en los casos de pederastia

El dibujo de dos cuerpos rosas, uno grande y uno pequeño, que se abrazan encima de una cama está acompañado por la pregunta: "Amor con niños, ¿se puede?". Es la portada de la revista berlinesa Zitty del 13 de diciembre de 1979, y su imagen sería hoy inaceptable. Sin embargo, en los setenta y ochenta el amor y el sexo entre adultos y niños fue objeto de debate intelectual en los círculos de izquierda alemanes.

Tras el escándalo de abusos sexuales, a lo largo de décadas en varios internados, desatado a comienzos de año se vuelve a debatir ahora la responsabilidad de la revolución sexual en la creación de un ambiente que favorecía el abuso.

La primera piedra fue tirada por la periodista del diario de izquierda Tageszeitung Nina Apin, quien en abril publicó Activistas pedófilos en los ambientes de la izquierda. En él estudiaba cómo los argumentos de los pederastas se colaron en el debate de la revolución sexual.

Varias revistas dieron voz a los pedófilos por ser una minoría

No solo Tageszeitung, sino la revista intelectual Konkret, y Zitty, que hoy sigue siendo una publicación de éxito, dieron espacio a los pedófilos, y hasta llegaron a simpatizar con ellos porque los consideraban una minoría perseguida. Pero las cosas se les fueron de las manos.

El escándalo en torno a los abusos que, empezando en los setenta, se produjeron en la escuela de Odenwald, una institución laica y progresista, y el caso del intelectual de izquierdas Reinhard Röhl, editor de la revista Konkret, acusado por su hija Anja Röhl de abusos sexuales cuando ella tenía entre 5 y 14 años, mostraron esta conexión entre izquierda y pederastia.

La revolución sexual debía de empezar temprano en la vida de un niño, según algunos. El libro La revolución en la educación, de 1971, decía que "la deserotización de la vida de familia, desde la prohibición de la vida sexual entre niños hasta el tabú del incesto, es funcional para la preparación del tratamiento hostil del placer sexual en la escuela y a la consecuente subyugación y deshumanización del sistema laboral".

En el marco de las nuevas teorías también se abrieron guarderías en las que se defendía la idea que los niños tuvieran derechos sexuales, y donde se invitaban a los niños a explorar su sexualidad. En ellas no se llegó a autorizar actos sexuales entre adultos y menores, pero sí se debatieron.

"Al contrario de lo que ocurre hoy, nadie se interesaba en aquellos años por la protección de los niños", dice Apin. "Ni el poder que bajo silencio permitía vejaciones y abusos en los internados, ni la izquierda que defendía el derecho de los niños a su sexualidad bajo razones ideológicas y políticas y sin pensar en sus consecuencias".

Dentro de Tageszeitung, explica Apin, las feministas eran, por ejemplo, contrarias a que se dejara espacio a las opiniones de pedófilos en el diario. Para ellas resultaba claro que donde hay una diferencia de fuerza, como entre adultos y niños, el abuso es posible. Sin embargo, su postura se tachó de censura. Tuvo que pasar tiempo antes de que se reconociera que tenían razón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de agosto de 2010