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Los centros de investigación del SAS multiplican sus patentes desde 2006

Hace cuatro años se registraron tres ideas; en lo que va de 2010, 40

Una célula madre multipotencial aislada procedente de un humano, modificada genéticamente y el método para producirla. Un método de detección precoz de resistencias al tratamiento de VIH. Un alicate de mordaza con pieza de impacto para la extracción de elementos de fijación en cirugía ortopédica y traumatológica. Todos estos descubrimientos, hasta un total de 34, salieron el año pasado de laboratorios ligados al Servicio Andaluz de Salud (SAS) y quedaron inscritos en el registro de propiedad intelectual e industrial. En lo que llevamos de año se han formalizado 40 patentes.

El incremento de los registros (en 2006 fueron sólo tres) es una de las muestras de que la apuesta por la investigación en la Sanidad andaluza está dando frutos. Con todo, las cifras son lo de menos si el resultado de la investigación no pasa del laboratorio. "Una patente no es más que un medio, no un fin en sí mismo", advierte Gustavo Fúster. Él dirige la Oficina de Transferencia de Tecnología del Sistema Sanitario Público Andaluz, creada hace cuatro años para conseguir que esos utensilios quirúrgicos o nuevos tratamientos que idean y diseñan profesionales del SAS lleguen a los ciudadanos. "La patente es el trámite para llegar a la transferencia de tecnología", señala Fúster.

El reto es dar salida al mercado a los descubrimientos de laboratorio

Los dos primeros años de la oficina, de 2006 a 2008, se centraron en hacer una "labor de concienciación". "Había que explicarle a la gente que existíamos, qué era una pantente, cambiar el chip, decirles que el dinero que se invierte en ellos tiene que revertir a la sociedad". A partir de 2009, año en el que llegó Fúster, se empezó a trabajar más en la estructura. El empujón definitivo llegó con una encomienda del SAS para que este organismo gestione toda la transferencia tecnológica en el servicio sanitario público.

La estructura se ha organizado en una red de fundaciones locales y provinciales coordinadas por la Fundación Progreso y Salud. Cada una cuenta con un grupo de profesionales a los que se ha formado en transferencia de tecnología y entre cuyas misiones está identificar todos los grupos de investigación de su territorio con potencialidad para generar patentes.

Ahora que el engranaje ya está en marcha, se trabaja para que mientras se desarrolla la investigación se contacte ya con las empresas que puedan estar interesadas en la idea. "Es fundamental que la investigación esté en línea con lo que quiere una empresa", dice Fúster, "así además la empresa también se implica en la última fase del trabajo".

Las universidades son también básicas en este trabajo. Los equipos suelen ser multidisciplinares y la mayoría de las patentes se hacen con grupos mixtos en los que, casi siempre, se integra alguna universidad andaluza e incluso de fuera de la comunidad. Lo más importante, según el director de la oficina, es que la investigación clínica funcione como una continuación de la investigación básica.

"El único motivo de nuestra oficina es que aquello que se hace en la sanidad pública llegue a la sociedad", insiste Fúster. Si al final se obtiene algo que genera dinero y que ayude a la sostenibilidad del sistema, mejor. En 2010 se han logrado ya cuatro acuerdos de licencias de explotación. El objetivo es que a final de año se hayan cerrado como mínimo seis. Los productos de cosecha propia que vende el sistema sanitario son muy variados, aunque los más habituales son instrumental quirúrgico, dispositivos médicos, software, nuevas indicaciones terapéuticas de fármacos y los resultados de investigaciones relacionadas con terapia celular, nanomedicina y marcadores genéticos. También se han creado ya las dos primeras empresas (y hay una tercera en camino) surgidas de investigadores del Servicio Andaluz de Salud, que crean su propia sociedad para comercializar sus productos.

La estrategia puesta en marcha en 2006 con el Plan Estratégico de I+D+i en Salud está dando rendimiento, pero el fruto aún tiene que madurar. "Estoy seguro de que si la apuesta decidida por la investigación se dejara aparcada dentro de dos años, no serviría para nada", señala Fúster. "Es una apuesta a largo plazo, no sólo para salgan productos, sino para generar los expertos en investigación".

Inversiones con los aliados naturales

Las universidades y las empresas del sector sanitario están llamados a ser aliados naturales de la investigación pública en salud. Juan Jesús Bandera, el director gerente de la Fundación Progreso y Salud, en la que el Servicio Andaluz de Salud centraliza la gestión de su investigación, no tiene dudas: "No podemos trabajar solos".

La colaboración con las universidades y las empresas ha permitido impulsar y mantener las inversiones en I+D+i. Y en tiempo de recorte, esta sinergia salva la apuesta andaluza por la investigación. "Es lo lógico para racionalizar esfuerzos", señala Bandera. El último ejemplo es del pasado viernes, cuando la Junta y la Universidad de Málaga firmaron la creación del Instituto de Investigación Biomédica de la ciudad, presupuestado en 13,5 millones de euros. De ellos, siete los pone Farmaindustria.

El de Málaga se unirá a otros tres grandes centros ya en marcha con formatos parecidos, aunque no iguales. En el Centro de Genómica e Investigación Oncológica, Genyo, en el Campus de Ciencias de la Salud de Granada, trabajan la Junta, la Universidad y Pfizer, que ha asumido el coste total de la construcción del edifico (nueve millones de euros). También en Granada está en marcha Medina, el Centro de Excelencia en Investigación de Medicamentos Innovadores en Andalucía, al que MSD aporta un millón de los tres del presupuesto inicial. En Sevilla, el proyecto Genoma Médico, cuya sede ya se está equipando en Cartuja 93, se ha implicado Roche, que aporta cuatro millones de euros a cambio del derecho preferente de licencias los resultados que se obtengan.

A estos centros mixtos se unen otras apuestas como la atracción a la comunidad de proyectos netamente privados, como la planta de vacunas de Rovi y Novartis en Granada. "La apuesta es seria y se recogen frutos. Ya no es raro que haya empresas del campo de la salud interesadas en instalarse en nuestro territorio", apunta Bandera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de julio de 2010

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