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Reportaje:FUENTEALBILLA | Pueblo de Andrés Iniesta | SUDÁFRICA 2010 | La gran fiesta de la afición

Calle Iniesta, número 1

Incapaz de controlar sus nervios, el padre del jugador salió de casa y se perdió el gol

Fuentealbilla (Albacete)

"Ha sido Andrés, ha sido Andrés". Andrés Iniesta Luján, tío y tocayo absoluto del número 6 no cabía en sí de júbilo. Las decenas de aficionados que se agolpaban en el antiguo bar de Andrés Luján, abuelo de Iniesta, reconvertido en Peña Iniesta desde que el chico jugó con la selección sub 16, lloraron, se abrazaron, saltaron de alegría. "¡Yo soy español, español, español!".

El partido fue intenso. Los peñistas aplaudían tanto las paradas de Iker como los recortes de Iniesta. Y temieron algún mal mayor en ese rato bronco que hubo en la primera parte. Pero todo acabó bien. Tracas. Champán. Y muchos abrazos entre primos y menos primos que comparten mayoritariamente los apellidos Iniesta y Luján.

El abuelo, Andrés Luján, había predicho un 2-0. Se fue de largo, pero sí había vaticinado un gol de Andrés. El 6. "Sí, el 6, que si lo multiplicas por dos es 12, porque tiene un par de pelotas", se suelta.

La fiesta empezó a media tarde. El tío del jugador preparó los fuegos. Se cocinaron callos, revuelto de setas y unos champiñones que eran "campeones". Nadie dudaba de la victoria. "Juegan muy bien estos chicos". La merienda se sirvió una hora antes del partido pero voló en veinte minutos. Nadie quería perderse un detalle. Todos se arremolinaron en torno a la tele. Sentados, de pie, sobre la barra.

Todos menos José Antonio Iniesta, Dani cuando jugaba al fútbol en el Dénia, y padre de Andrés. "No soporta ver el partido en directo. Se pone muy nervioso", cuenta su hermano Andrés, "se ha ganado el mote de El diferido. Lo primero que hace cuando acaba el partido es hablar con su hijo, pero no puede verlo".

De las paredes de la peña cuelgan cientos de páginas de periódico con fotos y titulares alusivos al héroe, a ese número 6 que visten casi todos los peñistas. El local está a rebosar pero no suena ni una vuvuzela. El abuelo concede mucha importancia a la disciplina. No cabe un alfiler.

Los nervios se extienden entre los miembros de la Peña Iniesta en su pueblo natal, Fuentealbilla, en Albacete. El pueblo tiene 1.800 habitantes. La peña, 270 socios. "Muchos son de fuera, de Barcelona, de Salamanca, del País Vasco...", cuenta el secretario. Cuando acaba el partido augura que "dentro de nueve meses van a nacer muchos niños en este pueblo, y todos se van a llamar Andrés".

El héroe local está en boca de todos. "Siempre ha sido muy trabajador y disciplinado", cuenta su abuelo, "tuvo suerte de que pudiéramos repartirnos entre cuatro para llevarle a entrenar a Albacete cuando apenas tenía ocho años". Entrenaba de una a dos. Dejaba la escuela un poco antes que los demás. Entrenaba y comía en el coche para volver al colegio en hora. "Ha valido la pena", recuerda el abuelo.

Iniesta ya tiene una calle en Fuentealbilla. El número uno es su casa. "Está noche lo vamos a celebrar, pero cuando vuelva al pueblo, eso sí que va a ser una fiesta", dice.

El partido sigue y más de uno comprende por qué José Antonio, Dani, está paseando por monte.

Los mayores gritan como niños mientras los pequeños juegan en el salón contiguo. "Hoy hasta los del PP son rojos", comenta risueño un peñista. "Lo que más me alegra es que vamos a pasar un mes sin hablar de Zapatero", le replica un compañero.

"Vamos Ini, vamos Ini". Fuentealbilla, fiel a La Roja, vive el sueño con alegría. A medianoche, la fiesta solo acaba de empezar. "Esto nos va a costar un tiempo digerirlo", sentencia el tío de Andrés.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de julio de 2010