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Elecciones en México

El narco vota matando

La violencia marca los comicios regionales en 12 Estados - Un triunfo del PRI obligaría al Gobierno a replantear la guerra contra el crimen organizado

El periódico de la mañana trae una fotografía espeluznante. Más si cabe que la de ayer. Porque la de ayer es ya una imagen habitual, la de nueve cuerpos tendidos en el suelo entre charcos de sangre, las últimas nueve víctimas de las más de 23.000 que ya ha contemplado México en los últimos tres años. Pero la de hoy es aún más inquietante. En ella se ve al actual gobernador del Estado norteño de Tamaulipas rodeado por sus guardaespaldas. Uno de ellos se llama Ismael Marino Ortega Galicia y es, según los departamentos de Inteligencia de México y Estados Unidos, un sicario a sueldo del cartel del Golfo o de Los Zetas, dos de los grupos más sanguinarios del narcotráfico mexicano. ¿Lo sabía el gobernador? Sea cual sea la respuesta, la imagen no puede ser más dramática. Con permiso o sin él, el crimen organizado supervisa las elecciones regionales que hoy se celebran en 12 Estados de México.

Un escolta del gobernador de Tamaulipas resultó ser un sicario

El presidente Calderón ha pedido ayuda. El priísmo lo tiene en la lona

La fotografía está sobre una mesa del café de La Parroquia, abierto desde hace más de un siglo frente al puerto de Veracruz. Uno de sus clientes habituales es Fidel Herrera, el gobernador cuyo sustituto se decidirá hoy en las urnas. Aseguran todas las encuestas que las elecciones cambiarán el nombre del gobernador -en México no se permite la reelección-, pero no del partido que lo sustenta, porque el Partido Revolucionario Institucional (PRI) siempre mandó en Veracruz. Fidel Herrera llega al café y se arma el tumulto. Las mujeres acercan a sus hijos para que se fotografíen con él, los hombres le entregan servilletas con peticiones escritas al vuelo, sus asesores le van contando al oído las últimas noticias de una campaña sucia y sangrienta: "Ha llegado a Televisa una grabación donde se escucha a un candidato hablando con el Chapo Guzmán...".

No es la primera grabación ilegal que intenta influir en la campaña. De hecho, Fidel Herrera, que presume por igual de su piel oscura de guajiro y de su formación académica obtenida en Francia e Inglaterra, fue grabado mientras ofrece a un colaborador inversiones públicas para ganar las elecciones: "Tengo todo el pinche poder en mis manos... ¿Cuánto necesitas? Hacemos una carretera...". El gobernador dice que las grabaciones, además de ilegales, están editadas, cocinadas en costosos estudios de grabación para hacerle decir lo que nunca dijo. ¿Y quién está detrás? Fidel Herrera no tiene dudas: la campaña sucia contra el PRI, virtual ganador de las elecciones regionales, está auspiciada -y tal vez pagada- desde el palacio presidencial de Los Pinos y ejecutada por César Nava, el presidente del Partido Acción Nacional (PAN)... Así estaban las cosas, con los dos grandes partidos de México a la gresca, cuando el pasado lunes -a las 10.37 de la mañana- unos sicarios vestidos de militares quitaron la vida al doctor Torre Cantú, candidato del PRI al Gobierno de Tamaulipas.

La acción duró un minuto. Un minuto que puede cambiar la historia de México. Porque en aquel ataque quedó de manifiesto la buena información que posee el crimen organizado -sabían hasta que el candidato había prescindido por unos minutos de sus vehículos blindados- y la pésima o nula de que dispone el Estado. "¿Por qué en vez de grabarme a mí?", se pregunta Fidel Herrera, "¿no graban al cartel del Golfo o a los Zetas?".

Quedó también de manifiesto que la guerra emprendida por Felipe Calderón, aun siendo necesaria por el grado de infiltración del narcotráfico en la política mexicana, está resultando un fracaso. El presidente no ha conseguido implicar al resto de partidos en su lucha. Y el despliegue de miles de policías y soldados en las zonas más calientes -de las que el ejemplo más sangriento es Ciudad Juárez- no logra frenar las matanzas diarias. Muy al contrario. La lucha de los carteles entre sí y contra el Estado va extendiéndose por toda la República y el crimen de Tamaulipas ha puesto el foco en otra realidad: hay lugares donde el control del narcotráfico es tal que los periodistas, aun sabiendo lo que sucede, no pueden contarlo bajo la amenaza cierta de perder la vida. "Aquí parecía que no pasaba nada", dice un reportero que exige ocultar su nombre, "pero es precisamente porque sucedía todo. El control lo tiene el cartel del Golfo y la policía, los políticos y los jueces están tan infiltrados que no puedes hablar con uno de ellos sin que se enteren los sicarios. Antes del asesinato del candidato aquí no se atrevía a venir nadie. Porque a los primeros que vinieron los secuestraron a la hora y les dijeron que o se iban enseguida o los mataban. Se fueron, claro...". Han quedado tantas cosas de manifiesto que todos los partidos empiezan a estar de acuerdo -cada uno a su manera- en que si México quiere ganarle al narcotráfico tiene que ser con la ayuda de todos.

El presidente Calderón pidió el lunes, con el rostro demudado, la ayuda de todos. Según Rafael Rodríguez Castañeda, el director de la revista Proceso, "el llamamiento a un gran entendimiento nacional fue hecho desde la debilidad más visible y hace pensar en un presidente a punto de claudicar. El priísmo siente que lo tiene en la lona y sin duda no dejará que se levante". Si, como parece, los resultados de las elecciones de hoy suponen un triunfo incuestionable del PRI, mañana o pasado los principales dirigentes del viejo partido hegemónico acudirán a Los Pinos para escuchar al presidente, ofrecerle su apoyo y también exigir sus contrapartidas. Lo mismo hará la izquierda. A cambio del consenso en un tema tan fundamental, el presidente se verá abocado a replantear la guerra contra el crimen y a prescindir de algunos de sus principales colaboradores. Los rumores sitúan en la cuerda floja al secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont. También dicen los rumores que, después de 23.000 muertes inútiles, el asesinato del candidato de Tamaulipas puede quedar en la memoria como el doloroso día que México, con la ayuda de todos, empezó a salir del infierno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de julio de 2010