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Reportaje:Sudáfrica 2010

Gestoría Del Bosque

El seleccionador no solo ha aguantado la crítica de su antecesor y de los apóstoles del fútbol, sino que se ha corregido a sí mismo - Los puristas le atacan con la misma inquina que a Dunga

Los resultadistas del fútbol no pararon de dar la lata hasta que la selección española alcanzó la Eurocopa de 2008 con un juego de salón. La furia pasó a mejor vida y se impuso el toque como fórmula universal, incluso para el Mundial 2010. Ahora son los puristas quienes han convertido el estilo en una cuestión irrenunciable y, consecuentemente, se dirigen a Del Bosque con la misma inquina que a Dunga, como si España fuera Brasil, un equipo depositario de las esencias del fútbol al que no le están permitidas determinadas alineaciones porque suponen perder su personalidad. Aunque no es una mala señal, porque significa que progresa el juego de La Roja, suponen generalmente una exigencia desmedida, nada nuevo, por otra parte, porque nunca hubo un punto medio en un país extremista por naturaleza, talibán también en el juicio al fútbol. Ahora resultará que a la selección española también le pierde la estética como ocurre con los catalanes y el Barça.

Los cambios del entrenador han hecho que mejorara la efectividad de Villa

Hay nueve futbolistas que juegan invariablemente cada partido

El estado de la cuestión fue muy bien resumido por el capitán del equipo, Iker Casillas, espectador de excepción: "Más que jugar, ahora competimos". La afirmación no significa necesariamente que el fin justifique los medios, tampoco en España. La selección todavía no ha completado un buen partido. A cambio, sin embargo, ha llegado a los cuartos de final del torneo y en cada una de sus actuaciones se ha sabido si ha jugado bien o mal en función de sus propias expectativas, prueba de su madurez. A Del Bosque le ocurre con Luis Aragonés una cosa parecida a la que le pasó este año a Guardiola respecto al Guardiola de la pasada temporada. ¿Qué resultado de España en el Mundial mejoraría el de la Eurocopa? El seleccionador no solo ha sabido aguantar la crítica de su antecesor y de los apóstoles del fútbol, sino que se ha corregido a sí mismo, la mejor manera de no darse importancia, sin que el equipo haya perdido para nada su carta de naturaleza.

¿En qué ha consistido la traición? ¿En no poner a Cesc? ¿En mantener a Torres? ¿En no darle protagonismo a Silva? O simplemente ¿en alinear a Busquets y Xabi Alonso como si fueran Xavi y Busquets en el Barça? A veces las fórmulas impiden una lectura generosa del juego y últimamente se utiliza la definición del doble pivote como la peor de las expresiones para un equipo que quiera ser protagonista. Del Bosque ha mejorado a España en dos asuntos capitales sin renunciar a su ADN: defiende mucho mejor y aprovecha sus recursos para aumentar sus registros. Hay nueve futbolistas que forman invariablemente cada partido: el portero (Casillas), un delantero (Villa), los cuatro zagueros (Ramos, Puyol, Piqué, Capdevila) y el trío de centrocampistas (Busquets-Xavi-Xabi Alonso). Las únicas piezas que han cambiado son el jugador de banda y el segundo delantero, sobre todo por el deficiente estado de forma de Torres, circunstancia que ha provocado la salida al campo del propio Torres, Navas, Pedro, Llorente o Cesc.

A excepción de los dos porteros (Reina y Valdés) y del lesionado Albiol, Del Bosque ha utilizado ya a todos sus jugadores y no siempre de forma rutinaria, sino que contra Portugal, por ejemplo, supo leer el juego de forma estupenda y recurrir a Llorente, el revulsivo de la contienda, sobre todo porque supo darle profundidad a un ataque hasta entonces estático. Los cambios del seleccionador han hecho que mejorara la efectividad de Villa, el jugador que marca la diferencia por sus goles; que aumentara la influencia en el juego de Xavi, el futbolista que marca el estilo; y que se mantuviera la jerarquía de Busquets, el volante que marca el equilibrio a partir de dos triángulos, el defensivo (Piqué-Puyol-Busquets) y el ofensivo (Busquets-Xavi-Xabi Alonso).

A pesar de que el fútbol posicional no siempre ha sido bueno y la mecánica de juego ha tenido altibajos, sobre todo porque al equipo le ha faltado velocidad de balón, España es hoy un equipo concreto, competitivo y reconocible, no sólo en la divisoria, como se supone, sino también en las áreas. A los aficionados les puede gustar más o menos su fútbol, pero la gestión de Del Bosque ha sido hasta ahora estupenda. Lo que pasa es que nunca se consideró una divinidad del fútbol como para que le sometan a un juicio sumarísimo en cada partido. España no perderá ni ganará el Mundial por Del Bosque, sino que el seleccionador hará que salga lo mejor clasificada posible.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de julio de 2010