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Reportaje:VIDEOJUEGOS

La paz es el objetivo

Un videojuego creado por un estudiante israelí busca soluciones al conflicto de Oriente Próximo. Militares estadounidenses lo adoptan como herramienta educativa.

"En los videojuegos hay dos bandos: el de las grandes producciones como Call of duty o GTA, de bella factura, pero sin mensaje; y otro que intenta cambiar la mentalidad de la gente", explica Asi Burak (Haifa, 1963). Burak pertenece al segundo bando. De hecho, toda su vida ha estado en una facción. Burak es israelí, y sirvió a su ejército durante la primera guerra del Golfo como capitán de los servicios de inteligencia. También fue director de arte en la prestigiosa firma de publicidad Saatchi & Saatchi en su país natal. Hasta que decidió emigrar a EE UU con 33 años para realizar un máster sobre creación de entretenimiento tecnológico en la Universidad Carnegie Mellon. Su proyecto de final de curso fue Peacemaker, un videojuego para PC sobre el conflicto palestino-israelí. El interés que suscitó fue tal, que los deberes se convirtieron en la primera referencia de su compañía Impact Games. "El punto de partida fue: ¿por qué no hacemos videojuegos similares a los documentales, que hablen de la realidad? Y vimos cómo tratar uno de los temas más serios del mundo, como es el conflicto en Oriente Próximo, de una manera educativa".

"La gente aprende más del conflicto jugándolo que durante años leyendo las noticias"

En Peacemaker los jugadores pueden elegir entre ser el líder palestino o el líder israelí, y controlar diferentes aspectos de sus países y su relación con el enemigo. Como en el ajedrez, hay que estar atento a sus movimientos y actuar en consecuencia. El objetivo del juego no es otro que conseguir la paz en la zona, y esta solo se logra cuando se tiene un porcentaje de aprobación del 80% en ambos lados. "Para ganar Peacemaker tienes que actuar como un funambulista", explica Burak. "Tienes que ser moderado, escuchar a la gente, medir el impacto de tus decisiones para tomar otras en el momento adecuado. Y, más adelante, contar con el apoyo y el empuje del otro lado". Este no es un juego ñoño ni fácil. No todo es buscar el diálogo ni ceder: las opciones van desde activar el desalojo de un asentamiento hasta ordenar el asesinato selectivo de militares o de los líderes rivales. Perder es fácil. "Si eres extremo, pierdes. Si realizas muchos ataques militares, si no escuchas la voz de tu pueblo, si asesinas líderes, pierdes. También si te dedicas a ceder a todas sus peticiones o desoyes al pueblo rival. Si ignoras cualquier parte de la ecuación, pierdes".

Justo esto es lo que le pasó a Dani Yatom, político laborista y ex director del Mossad, el servicio de inteligencia israelí. Un programa del Canal 2 de la tele de Israel le grabó mientras jugaba (y perdía rápidamente) a Peacemaker. El vídeo está en el canal de YouTube de Impact Games. Según Burak, "el juego empieza fuerte, con un atentado bomba palestino. Dani Yatom, reaccionó de una manera muy militar y, en vez de hablar con el líder palestino o entablar negociaciones, atacó y perdió. En lugar de reconocer su error, dijo que el juego era poco realista. Ahí está el problema en el mundo real, que siempre hacemos lo mismo: respondemos con las mismas armas y seguimos con los mismos discursos y filosofía. Así nunca se resolverá nada. El conflicto se solucionará con el reconocimiento y la creación de dos Estados, el palestino y el israelí. Esto será posible cuando haya un gran líder en uno de los bandos, necesitamos una especie de Mandela en la zona".

Los militares estadounidenses usan Peacemaker para entender las implicaciones del conflicto. Para crear el lado palestino, Burak explica: "Cuando estuve en EE UU pude empatizar con estudiantes palestinos. Me sorprendió que no todos sus problemas estaban relacionados con Israel. Evidentemente, la ocupación tuvo un impacto brutal en sus vidas; pero, por ejemplo, si allí hay un crimen, no pueden ir a la comisaría. Me contaron que sus Gobiernos no se preocupaban por intentar mejorar su nivel de vida. Por eso, en el juego, si escoges el lado palestino, puedes construir el país, mejorar los servicios sociales…".

El videojuego ha vendido 100.000 unidades y, al contrario de lo que esperaba su creador, no ha levantado casi polémica: "Hemos recibido muy buenas críticas por ambos lados, aunque siempre hay quien protesta diciendo que estamos más escorados hacia uno u otro. Lo que más ha gustado a la gente es que han aprendido más del conflicto jugándolo que durante años leyendo noticias". Partiendo de esa lección, Impact Games ha desarrollado Play the News, una plataforma social online donde predecir y discutir noticias desde muchas perspectivas posibles. "Queremos cambiar la forma pasiva de consumir la información, que seamos más críticos y estemos mejor informados", explica. Otro de sus proyectos es Games for Change, una asociación que promueve los videojuegos con alma educativa o social. En su web se encuentran iniciativas independientes que explican la pobreza o conflictos como el de Darfur. Burak remata: "Los videojuegos pueden ser una plataforma educativa. Aún así, todavía falta algo parecido a La lista de Schindler de las consolas: una superproducción con aspecto comercial, pero con alma, que cambie conciencias".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de junio de 2010