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Reportaje:LA ATRACCIÓN DE LAS HURDES

Soñando con Las Hurdes

Las Hurdes es un modelo de desarrollo para Agallas, un pueblo salmantino que quiere abandonar Castilla y León y unirse a Extremadura, descontento con sus carreteras, su sanidad y la TDT

Es como si hubieran impactado aquí y allá proyectiles de mortero en esta carretera comarcal que atraviesa dehesas verdes y olorosas entre Robleda, El Sahúgo y Agallas. Son 18 kilómetros de curvas y agujeros infernales con los que los vecinos de Agallas, en el suroeste de Salamanca, tienen que lidiar a diario quieran o no. "Nuestro centro de salud está en Robleda, y tenemos que ir allí de todas, todas", dice Agustina Porras, que se encamina al Ayuntamiento vestida, peinada y enjoyada como si fuera a una boda.

El sol abrasa y el pueblo -187 habitantes censados, 83 residentes todo el año, 53 de ellos jubilados- está desierto. No hay ni una sombra en la plaza. El consultorio médico, que abre una hora diaria cuatro días a la semana, está cerrado a cal y canto. Cerrada la iglesia, y hasta el centro social de ancianos. En el Ayuntamiento, Juncal, animadora sociocultural, pagada por la Diputación, atiende a unos alumnos. "Damos clases de informática, pero no tenemos ADSL y esto va muy lento".

"Las manifestaciones no han servido de nada. No quedaba otra que ir por la tremenda", dice Chamorro, edil del PP

Oliva es firme en su oposición."Yo no me voy a Extremadura", dice, para desesperación del alcalde Santos Corchete

De una de las paredes de su despacho cuelga un cartel turístico de la mancomunidad del Alto Águeda, provincia de Salamanca, a la que pertenece Agallas. Nadie ha pensado en retirarlo aún, pero ya es vox pópuli que el pleno del Ayuntamiento "en sesión celebrada el pasado 29 de enero", según reza en el acta, acordó "solicitar la adhesión a la Comunidad Autónoma de Extremadura". Y así se lo notificó a los Gobiernos de ambas comunidades, para sorpresa general. "Las reivindicaciones son justas, pero el método no es el correcto", dice Manuel Sánchez, el secretario municipal, que frisa también la edad de jubilación. "Lo que se refiere a las demarcaciones es una ley orgánica y necesita un acuerdo del Consejo de Ministros y de las comunidades autónomas para cambiarse".

Agallas dista menos de 10 kilómetros de la línea divisoria de la provincia de Cáceres. No parece que a la Junta de Castilla y León le inquiete la iniciativa. Y la de Extremadura se ha limitado a enviar un acuse de recibo. El alcalde de Agallas, el socialista Santos Corchete, de 66 años, sabe que solo se trata de hacer un poco de ruido. De que hablen del pueblo aunque sea para reírse de la ocurrencia un poco. "Llevamos años pidiendo que nos arreglen la carretera a Robleda. ¿Ha visto usted los baches? Y tampoco está bien el tramo de Martiago a Pastores. Hay dos puentes que se están cayendo". Santos, enfundado en un polo naranja y unos pantalones cortos, muestra las fotocopias de los escritos de reclamación enviados a la Diputación de Salamanca. Sin respuesta.

Carlos García Sierra, vicepresidente primero de la institución y diputado de Fomento alega, sin embargo, que la titularidad de la vía que une Agallas con Robleda es municipal. "La Diputación tiene más de 2.000 kilómetros de carreteras a su cargo. En el plan 2011-2015 se van a invertir más de 1,3 millones de euros en la mejora de algunos tramos". Pero el diputado de Fomento asegura que también se ayuda a financiar obras que los ayuntamientos no pueden costear por sí solos. "Si lo hubieran solicitado en el plan municipal de 2007, se habría arreglado la carretera de Robleda. Sólo hubieran tenido que pagar ellos el material de la obra. Pero prefirieron pedir ayudas para ampliar la piscina del pueblo".

García Sierra no se pronuncia sobre la segregación. Pero no es un secreto que al PP, que gobierna la región, le ha gustado poco la ocurrencia de Agallas. Sobre todo porque partió de los dos concejales de la oposición popular, Urbano Chamorro y Luis San Nicasio. "Haremos lo que sea para que el pueblo no se hunda. Hemos hecho manifestaciones y no sirven. No quedaba otra que ir por la tremenda", dice por teléfono Chamorro, agente medioambiental en Miranda de Ebro (Burgos).

"Aquí la política no entra. Nosotros nos debemos a los vecinos que nos han votado", dice su compañero Luis San Nicasio. "Lo malo es que otros pueblos de la comarca no se han movilizado. Pero siempre es así, unos mueven el árbol y otros recogen los frutos que caen". San Nicasio, que trabaja como ingeniero en una empresa privada de Madrid, y vive en esta capital, es consciente del declive demográfico que se ha producido en Castilla y León. Las comunicaciones son difíciles y la vida en el campo, durísima. ¿Acaso no se fue él de su pueblo a los 13 años? ¿No vive en Miranda de Ebro su compañero Chamorro? "Sí, pero eso no me impide atender el Ayuntamiento de Agallas. Hoy día con los medios que hay se puede gestionar a distancia", alega Chamorro. Claro que él podría quedarse en su casa sin hacer nada. "Vivo muy bien en Miranda de Ebro. Pero me duele ver morir esos pueblos, donde están mis raíces".

Sus raíces y las de decenas de otros antiguos vecinos que viven en el País Vasco, en Cataluña, en Madrid, pero conservan sus casas en Agallas y van allí a pasar las vacaciones. Y esos vecinos parecen menos dispuestos que los residentes permanentes a sufrir las carencias de la zona. "No es sólo un problema de malas comunicaciones. Es que el consultorio de Robleda no tiene ni una ambulancia. Y en Ciudad Rodrigo tampoco hay más que un centro médico. Pero los especialistas están hasta las tres de la tarde. Si tienes una urgencia, te toca ir a Salamanca, y menos mal que ahora hay autovía. Yo tengo hijos y cuando pienso en esa situación, me dan ganas de no volver", añade Chamorro.

Por eso la Corporación ha decidido "ir por la tremenda", y cambiar de región. Si es necesario se convocará un referéndum. El ambiente en el pueblo es favorable a la iniciativa municipal, aunque hay también pequeños focos de resistencia.

La señora Oliva, madre del concejal San Nicasio, es tajante sobre el tema: "Yo a Extremadura no me voy, de ninguna manera", dice, muy seria, de pie ante el secretario del Ayuntamiento, que se dispone a redactarle una carta.

-"Pero Oliva, que no se va a trasladar nadie, que no tiene usted que hacer las maletas", interviene el alcalde.

-"Yo no me voy", insiste ella.

"Hay gente que no acaba de entenderlo, pero son una minoría", se lamenta Santos Corchete.

Puede que sea parte de esa minoría, pero a María Luisa, que se presenta en el bar El Yugo vestida con blusa beige, oliendo a gel de baño, no parece importarle ese detalle. "Yo no voy a ir al médico a Extremadura. Eso nunca. A mí que no me separen de mi Salamanca de mi alma. Mi madre me parió en Agallas y en Agallas quiero morirme y ser enterrada", dice en voz bien alta, desafiando a la concurrencia.

María Luisa, que aparenta cincuenta y muchos años, emigró a San Sebastián. "No tengo queja ninguna del País Vasco, no puedo decir nada malo de ellos. Mi marido se partió la séptima vértebra en un accidente, y allí nos atendieron de maravilla. La sanidad, las asistentas sociales, todos se portaron muy bien. Me pilló a mí con mis cuatro hijos chiquititos. Pero salimos adelante. Mis hijos están allí y se enfadan porque ya les llaman los extremeños". Laureano Mateo, que vive en Monsagro, al pie de la Peña de Francia, está, en cambio, muy a favor de ir a por todas hasta conseguir lo que quieren. "¡Si esas carreteras están igual que cuando las hicieron!", exclama. "Igual no, Laureano. Están mucho peor", le replica alguien.

Por la tarde, el bar El Yugo se va llenando. En torno a una mesa, Asunción, Mari Fe, Milagros, y dos vecinos más juegan a la brisca. "Nos gusta ser de Castilla y León, pero si en Extremadura nos tratan mejor, pues nos vamos", razona Asunción. "Eso de que te hagan esperar tanto para darte una cita en el centro de salud no pasa en Francia", dicen dos de ellas, que emigraron al país vecino y pasan seis meses al año en Agallas disfrutando de la jubilación. "Además", tercia otra, "mi cuñada vivió muchos años en Extremadura, y dice que son bellísimas personas".

En Agallas, que toma el nombre de las bolitas que segregan los robles para aprisionar a los parásitos, la última boda se celebró hace cuatro años. "Fue la de la Raquel", precisa Agustín Corchete, que lleva un minucioso control del padrón. "Hay tres niños que van a la escuela de Martiago, y un chaval que está en el instituto de Ciudad Rodrigo. Ah, y está el bebé, de menos de un año, de la Raquel".

Entierros ya van dos. "El año pasado se murieron 12 vecinos. Y no eran de los más viejos. Estaban en los sesenta, la mayoría. Fueron muertes de repente", dice Rufino. Nadie ha olvidado el caso del marido de Consuelo, que era taxista en San Sebastián, y murió de un infarto cuando pasaba las vacaciones de verano en Agallas. "Aquello fue hace cuatro años. No había cobertura de móviles, el centro de salud de Robleda no contestó al teléfono, y cuando quiso llegar el helicóptero ya estaba muerto".

"¿Qué futuro tiene Agallas sin buenas carreteras, sin una Sanidad como Dios manda", se preguntan. "¿Qué futuro tiene el pueblo sin niños, sin parejas jóvenes?". Las huertas de Vegas de Domingo Rey, una pedanía del pueblo, hace tiempo que están abandonadas, y en Agallas se vive de las pensiones de jubilación y de la poca ganadería que queda. La única gran industria local es la residencia de ancianos, con 19 internos y 7 empleadas. Y es, además, el principal gasto fijo del Ayuntamiento que tiene un presupuesto de 300.000 euros.

"En cambio la Junta de Extremadura, con el PER, ha conseguido que en todos los pueblos de allí haya ocho, diez parejas jóvenes", dice Rufino. Y todos sus compañeros asienten.

También Luis San Nicasio cita el PER como el factor que ha impedido la hecatombe demográfica en Extremadura. Por eso se le ocurrió lo de solicitar la adhesión. Sabe que es una idea con poco futuro. "Seguro que hasta harían alguna broma sobre Agallas los presidentes de la Junta de Castilla y León y de la de Extremadura, que se reunieron hace unos días", dice. Pero a él le da igual. Lo importante es detener la sangría. Lograr que mejores servicios e infraestructuras impidan la desbandada total. San Nicasio no culpa solo a la Junta de Castilla y León, sino al Gobierno central y a la crisis económica de que las inversiones no lleguen a su pueblo. "Tenemos Internet desde hace apenas tres años. Y luego están los problemas con la TDT. El ministro [Miguel] Sebastián dijo que llegaría a todos los rincones, pero aquí en Vegas de Domingo Rey, la pedanía de Agallas, han tenido que poner una antena para los 10 residentes. Pero los que vienen en verano, ¿se van a quedar sin TDT?"

Los socialistas del pueblo dicen que el dinero "se va a Valladolid o a Salamanca". Camino del puerto de Esperabán (1.046 metros), a bordo del todoterreno del Ayuntamiento, Rufino Porras, sentado al volante, reflexiona en voz alta. "Aquí hay pocos habitantes, no tenemos ingresos y hay muchas carreteras que mantener". El puerto es una de las fronteras entre Las Hurdes, ya territorio extremeño, y la comarca de Agadones, en tierras de Salamanca. Hace años se firmó un acuerdo para unir los dos lados con una carretera. Extremadura tardó en hacer su parte, pero la hizo. Del lado salmantino se trazó enseguida un camino de tierra, y ahí sigue.

El todoterreno sube renqueante por la pendiente, entre jaras y matas de brezo florecidas, servales y alguna acacia cuajada de flores blancas. Desde la cima, justo donde un poste de madera notifica que aquí comienza Extremadura, se contempla un paisaje que quita el aliento. Los montes de la sierra de Gata, repoblados de pinos, y la mancha blanca, al fondo de los pueblos de Las Hurdes. "Allí al fondo está Pinofranqueado, aunque no se ve. Y aquello debe ser Aldehuela", indica Rufino Porras que ha sido guarda forestal y tiene un hijo que se dedica a repoblar montes. "Hay que ver las carreteras estupendas que tienen ahora por allí", comentan Santos y Agustín.

Cuando ellos eran pequeños, los vecinos de Las Hurdes venían hasta Agallas descalzos, montados en burro, para intercambiar higos secos o melocotones por patatas. A veces por trigo. Y esa comarca que era el paradigma de la pobreza y el atraso de España hoy les da lecciones de desarrollo. Y eso les da envidia, una envidia sana.

Pero no es oro todo lo que reluce en Las Hurdes. Casar de Las Hurdes, el primer pueblo grande que se encuentra en la ruta viniendo de Ciudad Rodrigo, no es muy diferente de los pueblos salmantinos que se han quedado atrás. Hay carteles de la Junta de Extremadura, algún hotel asomado al frondoso barranco entre las cumbres de la sierra de Gata, y un parque infantil a medio construir en una pendiente no precisamente tranquilizadora. Más abajo, la pedanía de Asegur es como un paso atrás. Edificios de ladrillo pintados en tonos claros surgen sin orden ni concierto junto a las viejas casas hurdanas, en ruinas. La cabeza de un caballo se asoma fugazmente por una ventana. Por la carretera se aproxima una mujer, vestida de oscuro. Camina junto a su burro cargado con manojos de espigas. ¿Sabe que un pueblo de Salamanca quiere incorporarse a Las Hurdes? ¿Qué opina ella? La mujer da media vuelta, furiosa. No quiere que se le acerque el fotógrafo. "Viene una hecha una guarra del campo y me sacan una foto solo para reírse". Ella no quiere fotos, que quede claro, y de lo de Agallas no tiene nada que decir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2010