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COLUMNA

Tercera vía

El sábado HBO estrenó una de sus películas rodadas para televisión. Casi un género, que se permite tratar asuntos adultos frente a la obsesiva tendencia del cine americano por confundir público juvenil con debilidad mental. The special relationship, coproducida con la BBC, pone el ojo sobre la relación especial que se creó entre Bill Clinton y Tony Blair en su camino hacia el poder. Jóvenes, brillantes, fotogénicos y progresistas en un entorno retrógrado, la tercera vía fue pista de despegue para un vuelo que acabó en enemistad manifiesta.

El dramaturgo Peter Morgan, conocido por sus acercamientos documentados a personajes reales, Nixon, Peter Frost, la reina Isabel, Brian Clough, no se deja seducir por la fácil carroña del asunto Lewinsky, como le pasó a la opinión pública. Hinca el diente sobre la afinidad y la sorprendente ruptura entre aquel Clinton interpretado por Dennis Quaid y aquel Blair, al que encarna por tercera vez el actor Michael Sheen, tras La reina y The deal, ambos para el mismo guionista. Le pasa algo parecido al formidable actor Fernando Cayo, que ya va camino de la tercera interpretación del rey Juan Carlos en nuestras particulares y blancas dramatizaciones.

Especialidad del autor, las escenas de matrimonio entre ambas parejas ponen el pellizco íntimo al episodio hasta que estalla el conflicto de Kosovo y Clinton asume el asunto como un engorro bélico que es mejor resolver con bombardeos sin tropas terrestres, pero Blair sale del armario y considera la guerra una responsabilidad cristiana. Sus expresiones públicas dejan en mal lugar a Clinton y nace la enemistad entre ambos. Para sorpresa de todos, la sincronía de Blair con George W. Bush será absoluta, fraguada entre rezos y la convicción de que Dios anda detrás de la guerra preventiva. Mucho se ha especulado sobre las verdaderas razones del viraje de Blair, para algunos está en su ADN, para otros forma parte de una estrategia pensada y patrocinada.

Me temo que habrá que esperar a que la historia estudie el fósil de ese Blair. Por ahora nos queda un político en activo pese a sus traiciones, con su partido coceado en las elecciones británicas en posadera ajena y una tercera vía descarrilada con la locomotora del progresismo buscando desesperadamente un maquinista de mirada limpia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de junio de 2010