El tesoro de un loco del jazz

La Casa Encendida expone la colección de discos, fotografías y publicaciones del crítico Federico González

El jazz era su vida. Federico González (Madrid, 1956-2004), "un aficionado puro y duro", en palabras de Juan Claudio Cifuentes, Cifu, entregó al género su vida toda y una parte sustancial de su actividad diaria, como fotógrafo primero y como crítico después, los últimos tiempos escribiendo sobre jazz en las páginas de este diario.

El suyo fue todo un ejemplo de fidelidad que arranca desde sus primeros años de milicia cuando, en compañía de quien suscribe, recorríamos los puestos de discos del Rastro en busca de la joya ignorada. Con él viajé por vez primera a los festivales vascos y, juntos, urdimos nuestra primera entrevista a un "verdadero músico de jazz": Tete Montoliu. Claro que las cosas no salieron exactamente como esperábamos; error de primerizos al creer saberlo todo no sabiendo nada. Decir que Tete nos machacó es poco. Nos estrujó, nos hizo trizas, nos redujo a la nada, o menos. No tuvo piedad. Así las cosas, no nos quedó otra que aceptar el varapalo que, con seguridad, nos merecimos, y era proporcional a nuestra petulancia de relamidos aspirantes a críticos de jazz.

Fue un ejemplo de ponderación y buen gusto dentro de su eclecticismo
Su legado incluye 4.900 vinilos, algunos de ellos, piezas de museo

Largo fue el camino recorrido por Federico desde entonces hasta hacer de él uno de los nombres de referencia en cuanto tiene que ver con el jazz en este país. Un camino que le llevó a las páginas de la revista Scherzo y a EL PAÍS. Federico buscó, y encontró, un sello propio, resultado de su amplitud de criterio y un ansia insaciable de conocimiento que hizo de él un asiduo de los comercios del ramo: "Federico viajaba siempre con una bolsa vacía, en la que metía otras dos bolsas vacías, y regresaba en el avión al límite del exceso de equipaje", recuerda el también crítico Pablo Sanz.

La Colección de Jazz Federico González, que desde hoy se pone a disposición del público en la sede de de la institución y a través de su página web, consta de 4.900 vinilos -algunos de ellos piezas de museo-, 9.900 CD, 4.500 fotografías, 4.900 negativos -en fase de catalogación y digitalización- y más de 1.300 revistas y libros. Aficionados e interesados pueden ya acceder al fruto de varias décadas de un coleccionismo concienzudo y metódico como solo era posible en alguien como Federico González.

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Como crítico, fue un ejemplo de ponderación y buen gusto dentro de un eclecticismo militante que le llevó a valorar a músicos que algunos ignorábamos -el caso del pianista Brad Mehldau- o, directamente, despreciábamos, caso del trompetista Wynton Marsalis, a quien dedicó su primer texto publicado.

Siempre dispuesto a descubrir nuevos talentos, dejó huella en un amplio grupo de lectores que no dudaba en abandonarse a su criterio a la hora de optar por tal o cual artista o disco. Federico dejó impronta y son muchos los que, aún, le echan de menos.

Su fallecimiento temprano, en el año 2004, dejó tras de sí un verdadero tesoro documental de discos, libros y fotografías que muchos temíamos fuera a perderse en manos de quien no fuera capaz de apreciarlo, como ha sido el caso en demasiadas ocasiones.

Que no haya sido así se lo debemos al empeño de su viuda, Carmen Navajas, quien, poco después de fallecer Federico, se embarcó en la tarea de escribir a diversas instituciones relacionadas con la cultura, ofreciendo la colección a cambio de nada. La respuesta positiva terminó por llegar de manos de los responsables de la madrileña La Casa Encendida, dependiente de la Obra Social de Caja Madrid.

José Guirao, director de la misma, recuerda las cartas "un tanto crípticas" de Carmen, a lo que se unía un cierto resquemor al provenir de una viuda: "Mi experiencia en el mundo del arte me ha enseñado que no hay nada peor que las viudas de los artistas". A partir de ese momento, asegura, todo fue sobre ruedas.

Para Carmen, la Colección de Jazz Federico González constituye la culminación de una vida dedicada al jazz: "Seguro que Federico estaría feliz viendo que su colección está en buenas manos y a disposición de todos".

Colección de Jazz Federico González. La Casa Encendida. Ronda de Valencia, 2.

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