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Reportaje:Vida&artes

Sea corriente y batirá récords de audiencia

'Españoles en el mundo' y otros programas de personas que no son famosas llenan la parrilla con éxito - Ante el artificio, el público demanda autenticidad - Lo cotidiano gana terreno

El pasado 12 de enero, TVE emitió Españoles en el mundo destino Kuala Lumpur. Siete españoles mostraron rincones de la ciudad de Malaisia en la que residen por amor, trabajo o aventura. Sus casas, sus parques favoritos, sus tareas cotidianas, las discotecas donde bailan. Eran Mónica, una agradable canaria; Javier, originario de Santander y muy simpático; Robert, un cocinero catalán; Sofía, una gallega muy dicharachera; Iván, de Castellón; Jordi, de Barcelona, y Mónica, una vasca que guarda decenas de polvorones en su cocina. 4.270.000 personas vieron el programa, que hizo un 20,6% de cuota de pantalla, el récord de un formato que, con raras excepciones, es lo más visto en su noche de emisión.

Emisiones por las que hace diez años no se daba un duro llenan la televisión

"Lo importante es la captación de la realidad", dice García Matilla

'Españoles en el mundo' cuesta menos de 50.000 euros por emisión

Hubo antecedentes en los ochenta: 'Por tierras lejanas' o 'La aventura humana'

'Mi cámara y yo' nació en 2001 en el seno del equipo de informativos

"En las historias más humildes está la mayor proeza", dice Elena Sánchez

Programas sobre gente corriente y moliente que hacen cosas, por lo general, corrientes y molientes. Emisiones por las que un programador no habría dado un duro hace diez años y que ahora plagan la parrilla con bastante éxito. Españoles en el mundo (y demás residentes en el extranjero), Comando actualidad o Destino España (los tres de TVE-1), el popular Callejeros, de Cuatro, Vidas anónimas, Denominación de origen o el reciente ¿Quién vive ahí?, de La Sexta, son algunos ejemplos de estos ordinary people show o reportajes documentales de actualidad, dos de los nombres que se usan para englobar a una categoría que de tanto en tanto da lecciones de humildad a películas, series e incluso realities que multiplican por mucho su coste. Pero, ¿por qué gustan tanto?

"Eso mismo me pregunto yo", dice Carmen Domínguez, directora de Españoles en el mundo, de la productora New Atlantis. "Por algún motivo nos gusta ver a gente como nosotros. Sus neveras, sus hijos, sus casas... Por los registros de audiencia veo que los que mejor funcionan son los simpáticos, seguidos de los luchadores. Creo que gustan porque no cuentan cosas raras y sobre todo porque transmiten valores positivos. Han perseguido un sueño y lo han conseguido", continúa Domínguez. "Venden ilusión, esperanza y superación. Y buenos ánimos para conseguir cosas en la vida, un Yes we can. Sea como sea, para las cadenas su éxito supone un descalabro. Españoles en el mundo cuesta menos de 50.000 euros por emisión y le ha ganado a tres ficciones nacionales que cuestan muchísimo más: Hospital central (Telecinco), Hay alguien ahí (Cuatro) y Los protegidos (Antena 3)".

Eduardo García Matilla, director de Corporación Multimedia, que analiza audiencias, busca la explicación en el exceso de artificio en la programación: "En un contexto en el que hasta los informativos alteran la realidad, estos programas se acercan a mirar por una rendija con unos recursos muy limitados que les permiten hablar con la gente. Desde luego es un hallazgo tanto para las grandes como para las pequeñas cadenas", dice. "A nivel intelectual tiene mucho del 'cine-ojo' del documentalista soviético Dziga Vertov", continúa García Matilla. "La cámara como el ojo de la realidad. Lo importante no es el artificio del montaje, sino la captación de la realidad. Dar la sensación de que es un reportero con su cámara transmite naturalidad y la gente lo demanda".

"Hubo un tiempo en que los contenidos de la televisión tenían que ver con lo extraordinario", empieza José Errasti, profesor de Psicología en la Universidad de Oviedo. "Se entendía que un medio de comunicación tan potente como la televisión tendría que dedicarse a mostrar los fenómenos, los sucesos, las personas más interesantes. Y a la gente le gustaba verlo. Pero desde hace entre 10 y 15 años la televisión ha descubierto que la audiencia recibe igual de bien lo cotidiano, lo vulgar. Y es muchísimo más barato, claro".

"En esta época de feroz individualismo un atractivo muy eficaz de los programas de televisión es la identificación del espectador con lo que se está mostrando en la pantalla", continúa. "Y así se entiende que triunfe más un programa donde un aragonés que vive en Viena nos enseña la ciudad a pie de calle y nos muestra dónde compra las naranjas y la pastelería donde hacen una tarta muy rica que una superproducción en la que una voz en off nos muestra imágenes fascinantes de Viena y expertos describen sus joyas artísticas. Antes podía más la curiosidad por lo sorprendente que el narcisismo por lo propio. Desde la aparición de los realities lo que la gente quiere es verse a sí mismos. Las cadenas han encontrado la forma de hacer programas baratísimos con éxito de audiencia".

Los programas de gente corriente no son algo nuevo. Hubo antecedentes en los ochenta, como Por tierras lejanas o La aventura humana, ambos de TVE, por poner dos ejemplos de formatos viajeros. Sin embargo, los profesionales entrevistados para este reportaje señalan un programa como origen de la tendencia: Mi cámara y yo, de Telemadrid.

Mi cámara y yo nació en 2001 en el seno del equipo de informativos. Elena Sánchez, hoy directora de contenidos de Cuatro, era entonces la directora de informativos de la cadena pública madrileña. "En aquel momento, inspirada en una serie de programas de TV3 que retrataban la sociedad en la que vivimos, como Ciutadans, puse en marcha nuevos formatos sobre las cosas que nos rodean. De las opciones que barajamos la más apetecible era Mi cámara y yo. Compramos cámaras pequeñas y menos intrusivas para poder colarnos en más sitios".

Carolina Cubillo, hoy responsable de Callejeros, fue la primera directora de aquel programa de reportajes: "Parecíamos una tanda de tarados con una cámara muy pequeña, tanto para entonces que parecía casi como si fuéramos a hacer el vídeo de la comunión de nuestro primo. Nos estrenamos con un reportaje sobre una visita del Príncipe Felipe a la comunidad de Madrid, solo que en vez de seguir al Príncipe lo que hicimos fue cambiar el foco y seguir a la gente que iba a verle", explica Cubillo. "Empezó muy bien y poco a poco fue creciendo hasta ser el programa con mayor índice de audiencia de la cadena. Un 22% era una cifra normal, lo que para Telemadrid es mucho", continúa. "Nos dimos cuenta de que la falta de aparataje asustaba menos y nos acercaba a la gente. La técnica nos ayudó a ser más ágiles".

Pocas semanas más tarde, por discrepancias con la dirección de la cadena por la emisión de un reportaje sobre el País Vasco, tanto Sánchez como Cubillo dimitieron de sus cargos. Hoy Cubillo es la directora del popular Callejeros, la versión más cruda de este tipo de formatos y que empezó llamándose Vidas Contadas. "Si no hubiese estado en una cadena local haciendo de todo, quizá no tendríamos el pulso que tenemos ahora. El haber recorrido toda España de pueblo en pueblo, entrar en los salones de la gente, me ayudó mucho a ver cómo vivimos en este país, porque los periodistas a veces pensamos que todos viven como nosotros". "En Callejeros lo que hacemos está más ligado a la tarea de cualquier periódico: hacer reportajes sobre nuestra sociedad y conocernos más a nosotros mismos". Respecto al porqué de su éxito, Cubillo aventura: "Imagino que es porque nos reconocemos, porque sentimos curiosidad por todo y por la manera de contar las cosas un poco más cercana".

Sánchez coincide con la tesis de su compañera de cadena: "Cuando pasas por las cadenas locales te das cuenta de que hay pocas cosas más grandes que la gente. En las historias más humildes está la mayor de las proezas. Cuando ves un programa de Callejeros te dices, 'Madre mía, qué grande es la gente".

Paloma Ferre presentaba el telediario de Telemadrid cuando Sánchez y Cubillo dimitieron de sus cargos. Se presentó voluntaria a heredar Mi cámara y yo, que ella define como "un vídeo casero hecho por tu tía para tu primo. Sólo que no lo ha hecho tu tía". En enero de 2004, la periodista fue a Fitur (la Feria Internacional de Turismo) a hacer una emisión del programa y se le encendió la bombilla. "Todos los de los stands me decían, 'No, si yo soy de Aluche (Madrid) pero me enamoré y vivo en Tokio'. Y se me ocurrió Madrileños por el mundo. Se lo propuse a la casa y me dijeron: 'Si consigues presupuesto, hazlo'. Así que volví a Fitur y los países escandinavos se prestaron enseguida. Los primeros países con un Madrileños por el mundo fueron Noruega, Suecia y Finlandia, y se hizo gracias a la financiación de estos países. Funcionaron de maravilla. La curva de audiencia de cada programa era ascendente y al año se nos adjudicó presupuesto propio. Al principio no encontrábamos candidatos, porque los madrileños se caracterizan por no decir nunca 'soy de Madrid'. Ahora tenemos 5.000 en espera", dice Ferré, que describe el programa así: "Es como si te haces un viaje a casa de tu primo y él te enseñara la ciudad".

Después llegaron las múltiples variantes: Andaluces por el mundo, castellano-manchegos, aragoneses, valencianos y, por supuesto, españoles (Telemadrid pidió sin éxito el cese de la emisión de TVE en la Comunidad de Madrid). "En televisión siempre hay modas", dice Ricardo Vaca, de la empresa de medición de audiencias Barlovento. "Primero uno saca la patita y el resto sigue. ¿Por qué triunfan estos programas ahora? Porque marcan una realidad social, tienen su parte emotiva y buena estética narrativa".

El periodista Vicente Verdú, por su parte, resume el éxito de estos formatos en cuatro puntos: "1. Su autenticidad, espontaneidad y verdad frente a la impostura, la retórica y la falacia imperantes 2. La mayor participación en la noticia que se recibe, vivida y experimentada por gentes sobre las cuales es fácil proyectarnos 3. El buen hacer de los periodistas, que preguntan de forma que inducen a hablar, criticar y contar. 4. El aderezo particular del lugar donde se rueda, que estimula y enseña. Y querer aprender, la demanda de conocimientos, se halla en el centro del nuevo consumo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de marzo de 2010