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Entrevista:Jesús Eguiguren Imaz | Presidente del Partido Socialista de Euskadi y negociador con ETA en el último proceso de paz | ENTREVISTA

"Los partidos vascos, y no el Gobierno central, deben gestionar el final de ETA"

Jesús Eguiguren Imaz (Aizarnazábal, 1954), presidente del Partido Socialista de Euskadi y representante del Gobierno en la última negociación con ETA, el político que mejor conoce el entorno de la banda, está convencido de que el terrorismo ha entrado en una fase terminal. Comparte la estrategia antiterrorista del Gobierno de exigir a la izquierda abertzale la condena de ETA para participar en la vida política. Cree que acabará sucediendo y para cuando se produzca propone que sean los partidos vascos, pero no el Gobierno central, quienes gestionen las "consecuencias del conflicto".

Pregunta. Un informe policial publicado por EL PAÍS señalaba que el actual líder de ETA, Mikel Carrera, había expulsado a los negociadores del proceso de final dialogado del terrorismo de 2006. A usted, que fue parte activa y trató a los negociadores de ETA, ¿le sorprendió el informe?

"Josu Ternera me dijo, durante la tregua, que habría que plantearse pedir perdón"

"En la izquierda 'abertzale' hay un cambio de estrategia. Lo suyo no es una estratagema"

"Al Gobierno central no le pediría más pactos antiterroristas ni más reformas legales"

"La cuestión de los presos de ETA habrá que abordarla aquí y combinar recuerdo con olvido"

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Respuesta. De lo que pasaba dentro de ETA no tuve información puntual. Lo que sí percibí es que nada más declararse la tregua, en marzo de 2006, empezaron los problemas y los cambios de actitud en los interlocutores de ETA. No se siguió la hoja de ruta que establecimos en Ginebra y Oslo con Josu Urrutikoetxea, Josu Ternera.

P. El informe policial precisa que Carrera expulsó de ETA a Javier López Peña, Thierry, por "cobarde". Usted conoció a Thierry en la mesa de negociación. ¿Era acaso un "blando"?

R. No. Me pareció un modelo de etarra típico, de los que creen que todo se arregla pegando un puñetazo sobre la mesa. No tenía que ver con Josu Urrutikoetxea, que era más serio y austero. López Peña entró al final del proceso, para romperlo y por eso desautorizó la hoja de ruta. La conclusión que saqué es que ETA llegó a la tregua con problemas internos y que el desarrollo de la tregua los acentuó. El sector contrario de ETA al proceso se fortaleció con la marcha de los acontecimientos (las detenciones, las prohibiciones a la izquierda abertzale...). López Peña entró para romperlo. No tengo duda. Los conflictos internos en la cúpula de ETA se agudizaron después de la ruptura y obedecen más a asuntos internos de la secta que a posiciones diferentes respecto a la negociación.

P. ¿Qué ha pasado con Josu Ternera, que no aparece en los conflictos de la cúpula de ETA?

R. Es un misterio. En las conversaciones de Ginebra y Oslo cuando le comentaba que era el jefe de ETA con poder de decisión se ponía muy serio e insistía en que no era jefe, sino interlocutor. Yo entonces me mostraba escéptico, pero ahora creo que es verdad. Su autoridad emana de llevar toda la vida en ETA. Pero no creo que esté en su dirección. Eso explica que esté al margen de las peleas.

P. ¿En qué posición política cree que puede estar?

R. Cuando le traté, aunque era un hombre muy rígido, pretendía llegar a un final dialogado. Me planteó incluso que en algún momento habría que hablar de perdón, aunque lo encuadraba en un perdón colectivo. Creo que hoy estará en sintonía con los planteamientos de Arnaldo Otegi.

P. ¿Cree que hay una división irreversible en ETA?

R. Más bien creo que hay una ETA en posiciones duras y un entorno a la búsqueda de una salida política.

P. ¿Qué tiene que ver el proceso de final dialogado con ETA de 2006, en el que usted participó, con que la banda esté hoy "al borde del abismo" como señalaba el último informe de la lucha antiterrorista?

R. Mucho. Los partidos vascos, incluida la izquierda abertzale, sacaron la misma conclusión, que no habría otro proceso como aquel, que el terrorismo debe acabar definitivamente antes de plantearse un diálogo. Por eso la izquierda abertzale se acerca a la única vía posible, lograr de ETA la renuncia a las armas o rechazar el terrorismo para integrarse en el sistema político. ETA sacó la conclusión contraria. A la izquierda abertzale le ha llegado el mensaje de que hasta el último ciudadano sabe que el Gobierno de Zapatero se la jugó con el proceso y que los socialistas vascos nos implicamos hasta el límite. Por eso la opinión pública culpó a ETA de la ruptura del proceso y ha asumido que los terroristas tienen que parar definitivamente y que luego se hablará. A la izquierda abertzale no sólo le ha llegado ese mensaje. Ha visto también la debilidad de ETA, la contundencia policial y la competencia política que les ha salido con Aralar.

P. ¿La izquierda abertzale le ha perdido el respeto histórico a ETA?

R. Algo de eso hay, pero matizado. La izquierda abertzale está en transición. Busca su autonomía, que ETA no le condicione en medio de una enorme confusión. Su tránsito de la simpatía del terrorismo a la política se va a producir, pero será problemático. Quieren hacerlo, pero no saben muy bien cómo. Saben que hay incompatibilidad entre política y terrorismo, entre izquierda abertzale y la continuidad de ETA. De ahí el distanciamiento, pero la sombra de ETA aún les pesa.

P. Muchos ven en la propuesta de la izquierda abertzale de "vías políticas y pacíficas" una estratagema para poder presentarse a las elecciones.

R. No voy a negar que para ellos son importantes las elecciones, pero tienen asumido que será muy difícil presentarse en las municipales. Creo que hay un auténtico cambio de estrategia en la izquierda abertzale. No es una mera estratagema. Quieren hacer política y salir del camino que les lleva a la desesperación. Van en serio, aunque no sé si lo van a conseguir.

P. ¿Qué le parece la estrategia del Gobierno?

R. Coincide con la de los partidos vascos. El pacto de Ajuria Enea, la hoja de ruta histórica para el final de ETA, que proponía la apertura de un diálogo para llegar al fin, se ha invertido. Ya nadie plantea que haya un diálogo para traer la paz. En estos momentos se le exige a la izquierda abertzale que logre el final de ETA o que se desmarque de ella.

P. ¿Qué le parece la propuesta del PP de endurecer la Ley de Partidos para evitar un coladero a la izquierda abertzale en las elecciones municipales? Teme que se cuele en las listas de Eusko Alkartasuna (EA) con la defensa de "las vías políticas y pacíficas".

R. No veo claro que ésa sea la obsesión de la izquierda abertzale. Me inclino a pensar que la Ley de Partidos está bien como está. Lo del coladero me parece exagerado. EA no es un partido que se vaya a suicidar cediendo su sigla para ayudar a la izquierda abertzale. Dudo de que se produzca esa convergencia. EA no lo va hacer sin la garantía de una condena de ETA.

P. ¿Cree que si ETA ejecuta un grave atentado, la izquierda abertzale lo va a condenar como dicen en su entorno?

R. Me lo creeré cuando lo vea. Pueden decir que condenan todo tipo de violencia y entonces ya no sabemos si es a ETA a quien condenan o a la situación existente. No espero aún una condena clara del terrorismo, aunque algún día pasará.

P. ¿Ese rechazo claro tiene un plazo?

R. Aunque en Euskadi estamos en un proceso de catarsis, con la llegada del PSE al Gobierno, el pase del PNV a la oposición, en la que todo está cambiando y también la izquierda abertzale, aún no los veo en condiciones de dar el paso para las elecciones municipales. Lo veo entre las municipales y las autonómicas de 2013.

P. ¿Qué margen de actuación le concede a ETA?

R. Se le están acabando la respiración, el territorio y las condiciones. Tiene graves problemas logísticos y politicos, pero aún puede cometer atentados.

P. ¿Puede ETA acabar como los GRAPO?

R. ETA no puede sobrevivir sin apoyo. Ha sido un terrorismo con base social potente. El día que esa base no quiera, de manera resuelta, que haya terrorismo, no habrá ETA.

P. El IRA terminó. Hubo una escisión y surgió un grupúsculo.

R. Aquí también puede pasar lo del grupúsculo, pero duraría lo que dura la inercia. No creo en una escisión en ETA.

P. ¿Qué puede hacerse desde la política para acelerar ese proceso? ¿Y quiénes?

R. Lo primero, que ETA termine o la izquierda abertzale se desmarque. Esa parte les toca a ellos. Luego está la labor de deslegitimación social del terrorismo que hace el Gobierno vasco. Al Gobierno central ya no le corresponde intentar el final con ETA. Eso es el pasado. Tampoco le pediría más pactos antiterroristas ni reformas legales. Lo que pediría a los partidos nacionales es que no disputen entre sí por el terrorismo. Tanto por evolución de la situación como por puro pragmatismo, son el Gobierno vasco y los partidos vascos quienes deben buscar la fórmula de integración de la izquierda abertzale en la sociedad, una vez que haga sus deberes.

P. ¿Se refería a esto Alfredo Pérez Rubalcaba cuando esta semana hablaba de la necesidad de un "ajuste político"?

R. Creo que comparte le idea de que los problemas de los vascos los tenemos que resolver los vascos. No somos menores de edad. Esa gente que ha apoyado a ETA va a seguir viviendo aquí, la reconciliación, lo que supone abordar la cuestión de los presos de ETA, habrá que hacerlo aquí, combinando recuerdo con olvido, como ha pasado en otros lugares en que ha habido violencia política.

P. Pero el Gobierno central y las instituciones centrales, como la justicia, tendrán mucho que decir en cuestiones clave, como, por ejemplo, los presos.

R. Aún no hemos llegado a esa parte. Antes tendrá que romper la izquierda abertzale con el terrorismo. Pero cuando se produzca, somos los partidos vascos los únicos que podemos estar en condiciones de asumir ese coste. El Gobierno no podría soportarlo. Los partidos vascos tenemos que quitarle esa carga. Es nuestra misión histórica como Gobierno vasco. Pérez Rubalcaba hablaba de "ajuste político". No quiero interpretar las palabras de nadie, pero si le exigimos a la izquierda abertzale que condene el terrorismo, no le podemos decir que la sociedad vasca se cruza de brazos con un ¡allá ellos! Tras el final de ETA quedarán secuelas familiares, están los presos, el reto de la integración política de parte de la sociedad vasca. Habrá que dar una respuesta para todos que requiere un acuerdo con todos. A esa gente hay que decirle que si cumplen seremos políticos responsables, con visión de Estado, que tendrán ayuda para zanjar un problema histórico sin resolver. Tenemos que hacerlo en el País Vasco porque la opinión pública vasca es consciente de lo que hay, pero en España no veo las condiciones de serenidad que la situación requiere. Será mejor que tomemos las decisiones aquí y vayamos con ellas a Madrid.

P. ¿Ve condiciones para empezar a trabajar en esa dirección?

R. Es más importante un gesto que mil palabras y ese gesto aún no lo ha dado la izquierda abertzale. Tengo que recordar que el otro día se ausentaron de la sesión de las Juntas Generales de Álava en el homenaje a nuestro compañero Fernando Buesa, asesinado por ETA en 2000.

P. ¿Cuál debe ser el procedimiento?

R. Los acuerdos de los partidos vascos tendrían que pasar por las instituciones, empezando por el Parlamento vasco, que finalmente deben liderarlos.

P. ¿Cree que todos los partidos, incluido el PP, están dispuestos a entrar en esta cuestión?

R. Los demás partidos tienen el mismo interés que nosotros en resolverla. Los militantes del PP vasco son gente seria y saben de qué estamos hablando porque se han jugado y aún se juegan la vida. No es gente que desde un despacho de Madrid da grandes lecciones sobre el final de ETA.

P. ¿Ha hablado usted con el líder del PP, Alfonso Basagoiti, de estas cuestiones y del pasado proceso de paz?

R. Sí, y creo que tiene un compromiso con este país. Le conté con detalle el proceso de final dialogado con ETA, el alcance que tuvo, y se mostró satisfecho.

P. El inicio del proceso de reforma del Estatuto de Cataluña coincidió en el tiempo con el proceso de paz en Euskadi. ¿Cómo contempla la evolución de ambas nacionalidades cuatro años después?

R. En el País Vasco se sabe lo que defiende cada cual. En Cataluña, no. Es un mundo más confuso. En las conversaciones de Loiola, durante el proceso de paz, cada media hora solíamos decir: "Nosotros no vamos a aprobar aquí nada que mañana no pueda asumir el Gobierno". Lo decíamos para que supieran que nosotros no íbamos a ir de buenos para que luego el Gobierno de Madrid viniera a ser el malo. Parece que el PSC ha hecho lo contrario. Tampoco me gusta el planteamiento contestatario al Tribunal Constitucional, un órgano creado para defender a las autonomías frente a la prepotencia del Estado. Las sentencias se asumen, y punto.

P. Las críticas son a su politización y a la cantidad de incidencias que han trufado el debate sobre el Estatuto.

R. Eso pasa en las mejores familias. Tiene un componente político porque no es un tribunal meramente judicial.

P. ¿Cómo contempla, tres meses después, el varapalo que les dio el Euskobarómetro al señalar que un 71% de vascos no se identificaba con el nuevo Gobierno vasco?

R. Es lógico porque hasta a un 70% de los votantes socialistas no les gusta el acuerdo con el PP cuando ve las relaciones que tenemos a escala nacional. Pero las cosas están cambiando. Entramos en el Gobierno diciendo que teníamos que afrontar una etapa de sangre, sudor y lágrimas por la crisis y en un año empezamos a salir de la recesión con unos datos mejores que los previstos. Los datos son muy positivos también en la lucha contra ETA y las relaciones con las víctimas.

P. ¿No cree que su pacto con el PP que ha cuestionado su política transversal es la clave del mal resultado del Euskobarómetro?

R. Nunca hemos demonizado al PP. Pero admito que algo de eso ha podido haber. En los años noventa, Odón Elorza resultó elegido alcalde de San Sebastián con el apoyo del PP y ahí sigue. Además, nuestra política no está siendo frentista. Los presupuestos y las medidas contra la crisis están acordados con todos los partidos. La cuestión no es tanto quién te apoya como qué política haces.

P. ¿Cómo ve al presidente Zapatero frente a la crisis? ¿Se va a presentar a las elecciones?

R. Las circunstancias le obligan. Además creo que las va a ganar. No ha llegado el apocalipsis anunciado por algunos. Al PP, cuando huele poder, azuzado por muchos medios de comunicación, le surgen voces atávicas que le lanzan a la eliminación del adversario y pierde las elecciones. Se está repartiendo la piel del oso antes de cazarlo, y Zapatero es duro de pelar. Aguanta mucho y tiene mucha capacidad de reacción. Le va a pasar con la crisis económica, ante la que ya está tomando medidas, como con la guerra de Irak. Es duro y capaz de tomar decisiones difíciles, como lo hizo con la guerra de Irak.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de marzo de 2010