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Montilla culpa del caos a las eléctricas

El temporal mantenía anoche a 180.000 abonados de Cataluña sin luz - La situación meteorológica se normaliza mientras arrecian críticas al tripartito

Dos jerséis polares, la bata, dos pantalones y los calcetines. Todo es poco para abrigarse cuando cae la noche en un municipio sin electricidad como anoche Sant Feliu de Guíxols (Girona). "¡Estamos helados! ¡Parece que vivamos en la edad de piedra!", se lamenta Isabel Garrido, de 54 años. Ella y su marido llevaban ayer 24 horas valiéndose de velas y de un hornillo que les prestó un familiar para cocinar. "Si tuviésemos una estufa de butano...".

La situación se repetía en amplias zonas de la provincia de Girona, donde 24 horas después del temporal, más de 180.000 abonados seguían sin luz. La falta de suministro dejó varados los trenes e inactivas las centralitas de teléfonos: 100.000 habitantes incomunicados.

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El Gobierno catalán, al que ya le llueven las peticiones de dimisión, respondió con un ataque frontal a Red Eléctrica Española y a Endesa. "De no haber sido por los problemas de suministro eléctrico, la normalidad habría regresado en menos de 24 horas", aseguró el tripartito tras pedir disculpas a los ciudadanos atrapados en coches y trenes a lo largo del lunes.

El enfado con las eléctricas fue monumental, hasta el punto de que el presidente de la Generalitat, José Montilla, quiso visualizarlo plantándose a mediodía en la sede de Fecsa-Endesa en Barcelona para pedir explicaciones. Salió casi como entró: sin garantías de que el suministro se restableciera completamente antes de esta mañana. La última previsión es que 60.000 abonados de localidades turísticas de la Costa Brava, hoy desiertas como Sant Feliu de Guíxols o Calella, no tengan luz hasta hoy. 48 horas sin suministro. Montilla también se desplazó al atardecer a las zonas más afectadas de la Costa Brava.

Red Eléctrica aseguró anoche que todas sus incidencias estaban resueltas después de que el temporal derribara 33 torres de alta tensión e inutilizara 14 líneas eléctricas. En cambio, Endesa, propietaria de la red secundaria, seguía desbordada. "Esperamos que mañana (para hoy) sólo quede sin suministro un tercio de los afectados", aseguró un portavoz.

Pero no sólo fallaron las líneas eléctricas. El Gobierno reconoció abiertamente que las previsiones meteorológicas se quedaron cortas: se había previsto nieve en casi toda Cataluña, pero no que cuajara en Barcelona y sus accesos, como ocurrió. Es más, las previsiones para la capital catalana fueron exactamente las contrarias: la nevada no cayó cuando había riesgo declarado pero sí cuando las previsiones indicaban que ya sólo habría viento. La combinación resultó fatal porque la nevada acabó coincidiendo con la salida de los colegios y del trabajo. De ahí que ayer el alcalde de la ciudad, Jordi Hereu, afeara a la Generalitat la falta de una "decisión de país", que a su juicio hubiese evitado la utilización masiva del transporte privado en un día tan crítico.

De hecho, no hubo indicaciones claras de dejar en casa el coche particular hasta el lunes a las 11.15, lo que motivó que mucha gente llegara al trabajo en su vehículo particular y después se quedara atrapado en las vías de salida de la ciudad. Lo mismo ocurrió a los miles de ciudadanos que sufrieron el colapso de los trenes de Cercanías. El tripartito intentó, con buenas palabras, esquivar la ira de los afectados. "Quien se queje por falta de información no le falta razón", concluyó ayer el consejero Joaquim Nadal, responsable del transporte público.

En general, el Gobierno aseguró haber hecho una gestión "eficiente". Nadal incluso se atrevió a sacar pecho comparando su respuesta con el caos vivido en Madrid durante el temporal de enero de 2009. "En otras ocasiones algunas capitales hasta han tenido que cerrar aeropuertos por nevadas", algo que en Barcelona no ocurrió.

La oposición no dejará pasar las consecuencias del temporal cuando faltan menos de nueve meses para las elecciones catalanas. El Partido Popular pidió sin ambages la dimisión del consejero de Interior, Joan Saura, por improvisación. "Si llega a nevar medio metro todos estaríamos colgados y muertos", dijo la portavoz parlamentaria del PP. Convergència i Unió tampoco ahorró críticas, pese a repetir que no quería complicar más la situación mientras quedaran personas afectadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de marzo de 2010