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COLUMNA

El caso del perrito muerto

El otro día murió en la pasarela de Ifema un perrito que participaba en un desfile de moda canina. La escueta noticia es ya un esperpento trágico. Todo parece señalar que detrás hay alguna trama digna de ser investigada por Sherlock Holmes. Primero se dijo que el animal murió estrangulado por su propio abriguito. Luego eliminaron esa causa y señalaron que pudo haber sido por problemas de salud. Pero hay otra teoría más inquietante: muchos aseguran que el animal fue envenenado. ¿Por quién? ¿Para qué? ¿A quién beneficia esta muerte? Seguro que Conan Doyle solventaría el misterio en dos días. Pero todavía desconocemos los resultados de la autopsia.

En primer lugar, eso de poner ropitas a las mascotas es una horterada, dicho sea con todos los respetos. Conozco perros que reaccionan refunfuñando con rabia cuando les ponen gafas, jerséis, impermeables, ¡zapatos! Incluso da la impresión de que enrojecen de vergüenza cuando les obligan a disfrazarse de personas. Lo de humanizar a los animales está bien para Walt Disney y demás fabulistas. En la vida real es una aberración. Un perro quiere seguir siendo perro, no un bufón, aunque muchos de ellos son grandes artistas en el arte del entretenimiento y el juego. La mayoría de las protectoras se muestran opuestas a las pasarelas de moda canina y espectáculos similares. En las pasarelas suelen desfilar cachorros y perros abandonados.

El caso del perrito muerto el otro día en Madrid debe ser resuelto de inmediato, tanto por su interés de intriga detectivesca, como por la llamada de atención al maltrato de los animales. Se trata de un perro, el mejor amigo del hombre. Elemental.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de marzo de 2010