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Necrológica:

Bruno Gironcoli, escultor austriaco de obra monumental

Bruno Gironcoli, el gran escultor austriaco conocido por sus obras monumentales y cuyo amplio rango de piezas y técnicas eclécticas impidió su clasificación en un estilo determinado, falleció el 19 de febrero en Viena, a los 73 años, tras una "larga y grave enfermedad", declaró su viuda.

Gironcoli, con una personalidad fuertemente independiente, logró con su reinterpretación del concepto de escultura una posición única en la historia artística austriaca tras la II Guerra Mundial. Con su obra amplió el concepto tradicional de lo que es escultura y con su larga carrera como profesor de su especialidad en la Academia de Artes Aplicadas de Viena influenció a toda una generación de artistas.

En sus gigantescas creaciones combinaba objetos de la vida cotidiana

Nunca se cuidó, y así se entiende que no tomara ninguna precaución contra los vapores venenosos que desprendían los materiales usados para elaborar sus obras, que le deformaron físicamente y le dieron una expresión ocular característica.

Nacido el 27 de septiembre de 1936 en Villach, en el Estado federado de Carintia (sur de Austria), estudió orfebrería en la Academia de Artes Aplicadas en Viena. Poco después encontró en París la inspiración para su obra escultórica en la producción del artista suizo Alberto Giacometti.

Las obras de Gironcoli eran gigantescas y en ellas combinaba objetos de la vida cotidiana, elementos industriales, figuras humanas y de la naturaleza, y formaba estructuras simbólicas que parecían sacadas de películas de ciencia-ficción.

Para su colección de esculturas, que guardaba en el taller de la Academia vienesa, era necesario un lugar amplio: el castillo de Herberstein en Estiria (sureste de Austria) es desde 2004 sede del Museo Gironcoli, con 35 obras. Ese mismo año se abrió al público la colección privada Gironcoli-Kristall, muestra permanente de esculturas en poliéster en la vienesa Strabag-Haus.

Gironcoli usó sus conocimientos de orfebre en sus primeras obras, cabezas esculpidas con una sola pieza de alambre fino, lo que suscitó la atención internacional. En los años sesenta experimentó con papel, plásticos, poliéster, aluminio, hierro, nilón, alambre y madera. Pero en los setenta abandonó los objetos individuales para crear instalaciones voluminosas y complejas con simbolismo barroco y objetos de la vida cotidiana, como zapatos, cubiertos o latas.

Sus objetos pintados con tintes metálicos brillantes recuerdan a altares realizados con máquinas, y otros parecen barcos o cuadrigas de fantasía, que repiten temas como la feminidad, el nacimiento, el sexo, el hombre, la religión, la búsqueda de la suerte, el fracaso, la tortura y otras formas de violencia, en una inmensidad inconfundible.

Su primera muestra individual la organizó monseñor Otto Mauer en 1968 en una galería cercana a la catedral de San Esteban, en el centro de la capital austriaca. En 1997, el Museo de Artes Aplicadas de Viena presentó la exposición Los no nacidos, con 16 piezas que tuvieron que ser transportadas en 14 noches y sobre vehículos especiales. La más importante presentación internacional de su obra fue en el pabellón de Austria en la 50º edición de la Biennale de Venecia. Sus últimas obras se referían al poder, la fertilidad y la sexualidad sadomasoquista.

De 1997 a 2004, fue el sucesor del escultor austriaco de fama internacional Fritz Wotruba como profesor en la Escuela de Escultura de la Academia de Artes Aplicadas en Viena. Recibió la Gran Condecoración de la Ciencia y el Arte y el Gran Premio del Estado Austriaco y la Medalla Austriaca a la Ciencia y el Arte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de marzo de 2010