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Editorial:

Rumbo a la irrelevancia

La quinta detención de la cúpula de ETA en dos años avala la eficacia de la estrategia antiterrorista

Una operación conjunta de las fuerzas de seguridad españolas y francesas permitió ayer descabezar a ETA por quinta vez en dos años. A primera hora de la mañana, la gendarmería detuvo en la localidad de Cahan, en Normandía, a Gregorio Jiménez y Beinat Aguinagalde cuando acababan de reunirse con Ibon Gogeaskoetxea, considerado por el Ministerio del Interior como el jefe militar de la banda tras la captura de Francisco Javier López Peña, Thierry, en mayo de 2008. Jiménez es un histórico militante etarra que regresó recientemente a la actividad terrorista y Aguinagalde, por su parte, es sospechoso de haber participado en el asesinato del ex concejal socialista de Mondragón Isaías Carrasco y del empresario vizcaíno Ignacio Uría. Según las informaciones de que dispone Interior, se disponían a volver a España para cometer un secuestro.

Las detenciones se producen en un momento crucial para la ilegalizada izquierda abertzale. Ante la proximidad de las elecciones municipales, en las que podría consumarse su definitiva salida de las instituciones democráticas, el entorno político de los terroristas ha vuelto a retorcer la semántica para declarar ante la galería que desean separarse del terrorismo y, a la vez, dar garantías suficientes de que no lo harán a los cabecillas de la banda. Se trata de maniobras a solas y en la oscuridad: a estas alturas, nadie más que los dirigentes abertzales parece seguir interrogándose sobre la intención de los terroristas a la hora de decidir su estrategia. Para el Estado y las fuerzas democráticas está perfectamente claro, y las detenciones de Cahan son la prueba.

Las especulaciones del entorno político de la banda sobre los efectos que una eventual tregua podría tener en su regreso a la legalidad carecen de sentido. A lo que parece, los dirigentes abertzales sueñan aún con convencer o con engañar al Estado mediante el señuelo de conseguir que la banda perdone la vida a sus potenciales víctimas. Pero ni éstas quieren saber nada de perdones concedidos por quienes matan o extorsionan en virtud de su fanático capricho, ni las fuerzas de seguridad, los tribunales y la cooperación internacional van a detener un acoso a los terroristas como el de los dos últimos meses, saldados con 32 detenciones y 2.000 kilos de explosivo aprehendidos.

Los terroristas seguirán intentando demostrar, de la única manera que saben, que todavía tienen algo que decir en el futuro de Euskadi. Pero, aparte de sumar más ignominia a la mucha que ya han cosechado, no habrán obtenido otro beneficio que el de seguir encerrados en su círculo criminal, arrastrando con ellos a la izquierda abertzale, que ve acercarse con creciente desasosiego la fecha de las municipales. Del mito de la invencibilidad de ETA se está pasando al de su definitiva irrelevancia política. Cuando mata y extorsiona, porque lo único que hace es eso, matar y extorsionar, sin lograr otra cosa que dolor. Y cuando no lo hace, porque es como si hubiera dejado de existir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de marzo de 2010