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COLUMNA

Celebraciones condensadas

Estamos de carnaval. Para la inmensa mayoría de la gente... una bobada. Y para otros muchos, la gran fiesta. ¡La mejor! Tengo amigos que se pasan meses gestando la idea del disfraz, preparándolo, liando a familiares y a amigos para tener todo a punto: una locura. Reconozco que me gusta este desmadre. Y no me refiero a los desfiles de bailes samberos y ritmos discotequeros a los que estoy por descubrirles la gracia. No, hablo del carnaval ganso y divertido, ése en el que encuentras a uno colgado de un campanario disfrazado de cigüeña, u otra vestida de "no-se-sabe-qué" pasándoselo pipa. Es una buena manera de liberarse de corsés. Y a los que les dé pereza, vergüenza, o corte... animarles a gansear, que sólo es el apuro del primer momento, luego se pasa. ¡Venga!, a disfrazarse de juez con toga y pelucón y... a repartir justicia hasta al mismísimo Garzón. Es tan sano decir ¡qué más da! por un día. Aunque lo ideal sería poderlo hacer cuando te dé la real gana, sin tener que esperar el permiso del calendario. Por ejemplo, una mañana te levantas, y notas que tienes el típico día desviado, que no lo arreglas ni con café doble, entonces lo mejor es buscar algo en el cajón de los ánimos: un buzo blanco peludo para no pasar frío y una gorra con un par de orejas muy monas por ejemplo. Te miras al espejo y te ves disfrazada de conejita, perfecto para ir a comprar huevos al super o para una reunión aburrida. O por qué no ponerse de turista inglesa con camisa floreada y pamela para ir a las clases de inglés; de golpe pierdes la vergüenza y te sueltas en el idioma shakesperiano, aunque termines haciendo de Harpo, el mudo de los hermanos Marx.

Tengo un amigo que tiene el capricho de vestirse de romano, pero, al pobre, los únicos días que podría cumplir su sueño, que son los carnavalescos, siempre le pillan los fríos polares. Y él insiste, con razón, que es un disfraz perfecto para las tontorronas mañanas primaverales en las que decides ir a la piscina. Pero no puede porque al que se vista "raro" fuera de los "días permitidos", se le mira mal. Una pena.

Así que... a aprovechar el domingo de carnaval, además es especial, porque también es San Valentín. Lo suyo es disfrazarse de los amantes de Teruel, o mejor de Romeo y Julieta, o si no... de Kramer contra Kramer, regalarse un corazoncito de peluche (¡menudo pongo!), quererse porque lo exige el calendario e ir a cenar a un chino... y es que, tal día como hoy, se celebra el año 4708; encima entramos en el año del tigre. Y por si fuera poco, hoy también se celebra la gala de entrega de los Goya... (Aprovecho para desearles mucha mierda a todos los amigos y colegas que ojalá suban al escenario). Aunque con tanta celebración condensada, ya no sé si debería vestirme de tigre, y enamorarme de un actor. O ver la gala de los Goya disfrazada de Cupido mientras ceno arroz tres delicias. O disfrazada de Goya irme a China con Valentín encima de un tigre. Insisto: pena que tengamos sólo este día para celebrar todo esto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de febrero de 2010